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Cuando se acerca el Gran Festival de Otoño, el santuario Takahama Hachiman de Nagasaki invita a las divinidades ofrendándoles sake, arroz lavado, sal y pez volador, que se colocan en el ring de sumo.
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Un luchador corpulento es lanzado al aire por un oponente invisible.
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En el festival Otaue, 16 saotome (doncellas) con un adorno ceremonial rojo y blanco en la cabeza plantan arroz.
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En el festival Nukiho, las saotome siegan el arroz vestidas con el mismo atuendo que al plantarlo y ofrecen las primeras espigas a los dioses.
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Los luchadores bailan en círculo al son de una canción de sumo que loa las bondades de la tierra natal.
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Los niños, vestidos con mawashi (taparrabos tradicional), llevan tambores taiko con troncos de bambú atados. En Kitakyūshū el festival otoñal se conoce como Kunchi.
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El sumo infantil se desarrolla con los entregados vítores de las familias de fondo.
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Bebés menores de un año suben al ring con un montón de sobres de dinero pegados a la ropa.
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En el warizumō, se baten luchadores de tres rangos divididos en el grupo del Este y el del Oeste.
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Al entrar en el ring para el shinjizumō, los luchadores, vestidos con mawashi decorados regalados por las asociaciones de simpatizantes, danzan al ritmo de canciones tradicionales.
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El ring se alza en el centro de un agujero cuadrado y la pendiente que lo rodea forma una gradería natural.
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En el okuyumi se dan combates muy intensos con fuertes agarres.
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Los dos nuevos ōzeki recorren las calles a hombros de sus compañeros, en una formación que imita la de una batalla de caballería.