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Recién casados participando en las celebraciones del Año Nuevo menor en el distrito de Matsunoyama, en Niigata.
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Una pendiente de cinco metros, acolchada por nieve polvo profunda; aunque los participantes se lancen con fuerza no deben preocuparse por hacerse daño.
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De camino al lugar de la celebración se lleva al novio en volandas, como un guerrero a caballo.
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La ceremonia conocida como Sai no Kami, epíteto para la deidad de carretera que protege al asentamiento de las calamidades.
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Las parejas que han completado el ritual Mukonage también participan.
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Los protectores del lugar también participan de la gracia divina.
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El “empuje del novio” (mukooshi) lo realizan feligreses de hasta 45 años. Solo los brazos alzados del novio, rodeado por los demás, quedan visibles.
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Hay otro rito en el que los niños, con taparrabos, se agolpan en el salón de banquetes antes de la recepción de la boda.
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Un banquete para dar la bienvenida a la pareja a la comunidad local.
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Rompiendo barriles en medio del estanque, en pleno invierno.
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Mientras acompañan al novio, muchos cargan también con los niños más pequeños para rezar por su crecimiento.
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La recepción nupcial al desnudo concluye en un ambiente acalorado.
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Los adolescentes felicitan a la novia y a su suegra.
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Un traje tradicional compuesto por un kimono azul marino, pantalones hakama, tela blanca para remangarse y sandalias de paja.
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Es costumbre agitar las serpentinas de papel sagradas para derribar las primeras obras de caligrafía del año, colgadas en la habitación.
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Así se trata a los niños que han cumplido con sus obligaciones.