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El pabellón Kannon-dō con el acantilado detrás. Fotografía: Ōsaka Hiroshi.
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Gotas de agua cayendo en la poza de la cascada. Fotografía: Ōsaka Hiroshi.
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Dicen que, solo con subir la escalera de piedra, los peregrinos logran protección divina contra la mala fortuna. Fotografía: Ōsaka Hiroshi.
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Estatua de Kōbō Daishi, que supuestamente talló los budas del acantilado. Fotografía: Ōsaka Hiroshi.
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Bajo la cascada se venera al myōō Fudō, del que se dice que protege a los ascetas. Fotografía: Ōsaka Hiroshi.