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Las formaciones de piedra caliza crean un bosque rocoso. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi)
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El musgo retiene la humedad y nutre el suelo, permitiendo que las raíces de los árboles crezcan y envuelvan la piedra caliza. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi)
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Las numerosas rocas gigantes parecen criaturas vivientes. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi)
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Más allá de la espesura del bosque se ve el cabo Hedo, el punto más septentrional de la isla principal de Okinawa. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi)
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Desde el cabo de Hedo se pueden observar los cuatro picos sagrados. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi)