La gigantesca pared rocosa es fruto de la erosión de las olas. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
Senjōjiki, la cueva en la que se dice que moraba el ogro. Desde su entrada observaba el extenso mar de Kumano. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
El sendero que sigue la costa desde Senjōjiki hacia el oeste es angosto y escarpado. Las olas rompen sin cesar contra el acantilado. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
Shishi Iwa con Onigajō al fondo. Su aspecto recuerda al de un león rugiendo hacia el mar. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)