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Cuando se efectúa la compraventa de un rastrillo, se festeja con estas palmas ceremoniales tan gratificantes.
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Frente al edificio principal del santuario Ōtori se forma una enorme cola.
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La aglomeración de visitantes que miran con devoción los rastrillos se extiende hasta la salida.
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Un devoto visitante regresa a su casa con un gran rastrillo. El rastrillo está totalmente decorado con muchos talismanes: una careta de mujer (okame), grullas y tortugas, sacos de arroz, etc.
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Los rastrillos de la buena suerte del periodo Edo (1603-1868) estaban decorados con más sencillez que los de ahora.
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Este rastrillo muy lujoso es una obra impresionante creada por Yaotoshi, uno de los comercios de rastrillos más antiguos, por encargo de Boat Race Edogawa.
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Regatear el precio es uno de los verdaderos placeres de comprar un rastrillo.
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En la parte trasera del santuario hay dispuestos muchos puestos de comida y bebida.
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Un magnífico rastrillo decorado con los kanji de 笑門 (shōmon / puerta sonriente).