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Para la entrada al museo se ha reutilizado una puerta de madera tallada originaria de un antiguo castillo indio.
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El inmenso jardín del museo es obra de Kitayama Yasuo, un afamado jardinero de Kioto que se inspiró en las ideas de Kubota.
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El edificio nuevo destaca por su galería de columnas de piedra inclinadas.
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Exposición de cuentas en el primer piso (el segundo en Japón) del edificio nuevo.
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Dos muestras de la colección de Kubota: a la izquierda, una pulsera de cuentas antiguas; a la derecha, dos cuentas con forma de cara que datan de la antigua Fenicia (entre los siglos V y VI a. C.). Estas piezas serían las más valiosas y únicas en posesión del artista.
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El edificio principal, en el que se exponen las obras más destacadas que el artista elaboró mediante la técnica Itchiku tsujigahana.
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El edificio principal tiene una superficie de 200 metros cuadrados y una altura de 13 metros.
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A la izquierda, un kimono dorado con un motivo del monte Fuji en cuya elaboración estuvo implicado Miyahara Sakuo, presidente honorífico del Museo de Arte Kubota Itchiku y antiguo discípulo del artista.
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Miyahara Sakuo, presidente honorífico del Museo de Arte Kubota Itchiku y discípulo del artista durante los últimos 25 años de la vida de este.
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El proceso de la técnica Itchiku tsujigahana consiste en repetir decenas de veces los siguientes pasos: coser, atar, teñir, cocer al vapor, lavar con agua fría y desatar la tela.
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Brochas y tintes. A Kubota le gustaban los importados de Alemania.
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Composición de Kōkyō, obra que el artista dejó a medio acabar antes de su fallecimiento.
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Cuando el cielo está despejado, desde la azotea, que sirve de terraza, se ve el monte Fuji en todo su esplendor.
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En la cafetería se puede tomar un matcha (té verde en polvo) acompañado de unos dulces tradicionales mientras se contempla la cascada del jardín.
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La cueva del jardín alberga dos estatuas: a la izquierda, la de una mujer; a la derecha, la de un bodhisattva.