Un millón de yenes por noche: alojarse en el templo Ninna-ji de Kioto
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La puerta niōmon, en la entrada principal del Ninna-ji, mide unos impresionantes 18,7 metros de altura y es patrimonio cultural de Japón.
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El Pabellón Dorado está dedicado al buda Amida Nyorai, deidad principal del templo, y fue en sus orígenes el edificio principal y el salón de ceremonias del palacio. Se trasladó a su ubicación actual en la era Kan’ei (1624-1643) y ahora está designado como tesoro nacional.
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El Ninna-ji totalmente desierto, después de cerrar el acceso de la puerta niōmon. Los huéspedes pueden contemplar en soledad la puesta de sol dentro del recinto.
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Observar de cerca la iluminación nocturna del Pabellón Dorado es un auténtico privilegio.
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Los cerezos Omuro cierran la temporada de la floración de los cerezos en Kioto. Sus flores rosadas crean un contraste hermoso con la pagoda del templo, designada como patrimonio cultural.
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El Ninna-ji también ofrece vistas espectaculares en otoño, durante el cambio de hoja.
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La imagen del buda Amida Nyorai preside el altar del Pabellón Dorado. A ambos lados tiene a las deidades Kannon y Seishi.
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Los huéspedes pueden contemplar el interior de la pagoda, normalmente cerrado al público, que contiene una imagen del buda Dainichi Nyorai.
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El Pabellón de Kannon acaba de ver terminadas unas obras de restauración que duraron seis años. Este edificio también suele estar cerrado al público.
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Recorrido especial, con un ambiente místico gracias a la iluminación nocturna.
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El monje Segawa dirige unas palabras a los comensales antes de empezar la cena en el salón de ceremonias.
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Los huéspedes comen en el salón de ceremonias, decorado con ikebana, mientras disfrutan de la música gagaku o de la flauta shakuhachi.
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El salón de té Hitōtei, frente a la pagoda, es donde se toman el té y el desayuno.
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Contemplar la luna mientras se escuchan los cantos religiosos de los monjes es una actividad exclusiva que solo puede realizarse en un templo budista.
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Estas pinturas del Pabellón de Kannon, que datan del periodo Edo, solo se muestran al público en ocasiones especiales.
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La entrada del Shōrin’an.
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El edificio del Shōrin’an tiene dos pisos y está rodeado de un bello jardín japonés.
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Todo el mobiliario es de fabricación japonesa y se duerme con futón sobre suelo de tatami.
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Desde el primer piso (segundo en Japón), se contempla el refinado jardín japonés.
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La sala de baño, de auténtico estilo japonés, rebosa de naturaleza por dentro y por fuera.
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En las vitrinas de las estancias se exponen tesoros del templo y artículos relacionados con la familia imperial.
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La puerta niōmon vista desde la entrada, de la que cuelga una tela estampada con el escudo del crisantemo, que representa a la casa imperial. El recinto del Ninna-ji puede recorrerse de forma gratuita, pero la entrada al Palacio, al Reihōkan y a las exposiciones especiales es de pago.
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El jardín meridional del Palacio y la puerta para los enviados imperiales.
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Iluminación nocturna del recinto del Ninna-ji.
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