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Un campo de arroz en otoño. Al fondo, las espigas cosechadas puestas a secar en los caballetes.
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Libélulas apareándose en el poste de un caballete agrícola.
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Azucenas en la pendiente que bordea una línea de ferrocarril. Suelen ser los propios lugareños quienes embellecen así estos rincones.
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Flores de katakuri (Erythronium japonicum, liliácea) crecen entre los castaños.
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Un ciervo volante de la especie miyama kuwagata (Lucanus maculifemoratus) se deja ver por el verano en un bosque mixto.
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Una cigarra de la especie minminzemi (Hyalessa maculaticollis) eclosiona en un bosque próximo a un área urbana.
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La benishijimi (Lycaena phlaeas), una mariposa de encantador aspecto que suele vivir en las rampas que bordean los arrozales inundados.
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La libélula hacchōtonbo (Nannophya pygmaea), que habita los humedales.
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Una luciérnaga de la especie genjibotaru (Luciola cruciata) despidiendo luz.
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Cientos de luciérnagas genjibotaru revolotean una noche de verano sobre un arrozal inundado.
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La quema de las hierbas secas a principios de la primavera era una forma de mantener productivos los campos.
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Una vieja haya. Su extraña forma delata que a lo largo de mucho tiempo su madera ha sido utilizada para alimentar las carboneras. Los lugareños la bautizaron Agariko.
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La mariposa usuiro hyōmon modoki (Melitaea pritomedia), que depende para su subsistencia de una planta cada vez más escasa, se encuentra al borde de la extinción.
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Flores de ominaeshi en una ladera con vegetación natural, en la estación veraniega.
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Agricultores con sus ramos de ominaeshi y kikyō que acaban de recoger en el campo para adornar los altares budistas de sus casas.
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Una ladera boscosa de la que ha desaparecido la vegetación de los niveles inferiores por culpa de los ciervos que han invadido muchas áreas descuidadas por los humanos.
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Una zona de labranza abandonada. Hace apenas 30 años había aquí arrozales inundados y una aldea rural.
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Una planta de energía solar para cuya construcción ha sido necesario talar una gran área satoyama.
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Siega de hierbas en una ladera para regenerar una área satoyama.
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Jóvenes aprenden de los agricultores sobre la gestión del agua en los arrozales inundados.
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Una garza blanca de la especie daisagi (Ardea alba) busca comida en un arrozal inundado donde ha comenzado ya la plantación.