El impacto limitado de la revolución

Lo cierto es que la Revolución de Xinhai no cambió drásticamente las relaciones de China con las potencias occidentales y Japón. Desde el Levantamiento de los Bóxers (1899-1901), la política fundamental de las potencias extranjeras fue reconocer las concesiones que cada una se había asegurado a finales de la década de 1890, mientras se concedían créditos al gobierno chino para mantenerlo a flote y preservar un entorno estable para la industria y el comercio. Como no querían que el caos reinara en China, las potencias fundamentalmente dieron su apoyo al gobierno de Qing.

Fue Gran Bretaña la que negoció un acuerdo de paz entre las fuerzas revolucionarias y la corte de Qing cuando los delegados de las provincias sureñas recientemente independizadas formaron un gobierno en Nanjing. Fueron también los británicos, junto con otras potencias, quienes insistieron en que el nuevo gobierno fuera dirigido por un “hombre fuerte”. Su elección para esta tarea no fue otro que Yuan Shikai, un general y funcionario prominente de la corte de Qing. Además de controlar el Ejército de Beiyang -considerado la fuerza militar más potente de China- Yuan contaba con el respaldo de los burócratas de Qing partidarios de la modernización. Cuando Yuan sustituyó a Sun como presidente provisional, las potencias extranjeras le dieron su apoyo y lo cubrieron de créditos.

Es probable que Sun Yat-sen quisiera utilizar la Revolución de Xinhai para rectificar de una vez por todas los tratados desiguales firmados entre el gobierno de Qing y las potencias extranjeras. En cualquier caso, su inexperto gobierno calculó que no podía permitirse un enfrentamiento con las potencias occidentales ya que dependía de su reconocimiento y sus créditos. En consecuencia, la República de China heredó los tratados firmados por Qing sin modificaciones.

Con una fuerte dependencia de los burócratas de Qing, Yuan Shikai estableció su gobierno en el recinto de Zhongnanhai, Pekín, donde había residido anteriormente la emperatriz Dowager Cixi. La abdicación del emperador Qing a consecuencia de la Revolución de Xinhai, fue un acontecimiento tremendamente importante en la historia china. Sin embargo, este suceso no cambió inmediatamente la política, la sociedad o la economía chinas de manera drástica. El impacto de la revolución fue bastante limitado tanto en los asuntos internos como en las relaciones externas.

El punto de inflexión en las relaciones Japón-China

Aunque Yuan Shikai, respaldado por las potencias mundiales, incluyendo Japón, al principio aplicó el sistema republicano establecido en la constitución provisional, le preocupaba que la creación de una fuerte Asamblea Nacional pudiese resultar una amenaza que limitase los poderes del presidente.

El asesinato de Song Jiaoren (Sung Chiao-jen), el joven líder del partido principal Kuomintang, y la represión de Yuan Shikai de la Asamblea Nacional, controlada por el partido principal, condujeron a otro levantamiento conocido como la Segunda Revolución. Yuan y sus seguidores empezaron a criticar cada vez más a Japón y la supuesta tendencia a apoyar a los rebeles que pudiera surgir entre los japoneses. Las tensiones eran tales, que los japoneses de Nanjing se vieron atacados por fuerzas contrarevolucionarias dirigidas por Zahng Xun (Chang Hsun).

Después de sofocar la Segunda Revolución en el otoño de 1913, Yuan continuó consolidando su autoridad presidencial y restringiendo los poderes de la Asamblea Nacional. En 1915, se autoproclamó emperador, lo que suscitó una oposición masiva y la Tercera Revolución. Al final, un Yuan asediado abandonó sus pretensiones al trono imperial y falleció desengañado en 1916.

Ōkuma Shigenobu (Foto: Biblioteca Nacional de la Dieta )

El periodo del gobierno de Yuan Shikai, desde 1912 a 1916, marcó el punto de inflexión en las relaciones entre China y Japón. A pesar de recibir el apoyo para la revolución entre los ciudadanos japoneses, el gobierno y las empresas se mantuvieron firmes, junto con las potencias occidentales, en su apoyo primero al gobierno de Qing y luego al de Yuan Shikai. Luego, en 1915, poco después de comenzar en 1914 la Primera Guerra Mundial, el gobierno japonés de Ōkuma Shigenobu presentó a Yuan Shikai las polémicas Veintiuna Demandas, un acto unilateral que se consideró irrespetuoso hacía las otras potencias occidentales y provocó una violenta reacción en los ciudadanos chinos. Cuando se supo que el gobierno chino había capitulado ante las demandas japonesas, la opinión pública china se volvió decisivamente contra Yuan y Japón. En lo sucesivo, todos los esfuerzos para restablecer las relaciones entre Japón y China por una senda más amistosa estaban condenados al fracaso. Las Veintiuna Demandas se transformaron en un símbolo de la agresión imperialista a China, y Japón se convirtió en el primer objetivo de la ira nacionalista china.

(Originalmente escrito en japonés y traducido al español de su versión inglesa)