La Revolución de Xinhai: un test de realidad
En aquel momento Japón estaba íntimamente vinculado al dinamismo de la política china. Sin embargo, aparte de su papel como fuente de información y base de actividades, ¿qué influencia ejerció en el nacimiento de la República de China? Con el fin de desenredar esta compleja cuestión, es necesario revisar brevemente los acontecimientos de la Revolución de Xinhai y sus consecuencias. El 10 de octubre de 1911, los elementos revolucionarios del ejército provincial dieron un golpe contra las autoridades locales de la ciudad de Wuchang, en la prefectura de Hubei. Siguiendo su ejemplo, otras provincias, la mayoría de ellas al sur del río Yangtze, declararon su independencia del Gobierno de Qing, uniéndose para fundar la República de China en enero de 1912. Las negociaciones entre la corte de Qing y el nuevo gobierno terminaron con la abdicación del último emperador de la dinastía Qing en febrero de 1912. Esto marcó el fin de una monarquía de dos mil años de antigüedad y el nacimiento de un nuevo estado fundado siguiendo el modelo republicano.
![Yuan Shikai (Foto: John Stuart Thomson, China Revolutionized<br>[Indianapolis: Bobbs-Merrill Company, 1913])](https://nippon.ismcdn.jp/mwimgs/f/b/293m/img_fb6844259e98c514e9e4d255e3a4286c53157.jpg)
Sin embargo, el gobierno republicano fue breve. Aunque Yuan Shikai, el sucesor de Sun como presidente provisional, inicialmente estuvo de acuerdo con la idea de establecer un gobierno republicano, se opuso firmemente a los poderes otorgados a la Asamblea Nacional bajo la Constitución provisional de China de 1912. Cuando el Kuomintang emergió como el principal partido parlamentario en 1913, su joven líder, Song Jiaoren (Sun Chiao-jen) fue asesinado, probablemente por orden de Yuan. La oposición popular al régimen se extendió rápidamente por China, pero Japón y las potencias occidentales mantuvieron su apoyo a Yuan, le concedieron créditos y acordaron el reconocimiento diplomático a la República de China cuando fue nombrado presidente absoluto. (Estados Unidos había reconocido antes al nuevo gobierno tras reunirse la Asamblea Nacional).
No se puede atribuir simplemente la Revolución de Xinhai al movimiento revolucionario promovido por Sun Yat-sen; sus causas son complejas y van más allá de las actividades revolucionarias de Sun y sus seguidores. Un factor clave fueron las relaciones entre el Gobierno de Qing, altamente centralizado, y las provincias. Estas tensiones alcanzaron su punto máximo en 1911 debido a los planes del gobierno para nacionalizar los ferrocarriles y dejar en manos de compañías extranjeras su construcción y explotación (en parte para permitir al gobierno pagar las ingentes indemnizaciones de guerra). Además, hubo también una amplia reacción a los planes de la corte de Qing para establecer un gobierno constitucional que habría preservado la dinastía y mantenido la supremacía de los manchúes en China. Esto alejó a muchos que, de otra manera, habrían apoyado a la monarquía constitucional, y allanó el camino a una poderosa coalición contraria a las fuerzas de Qing. En tercer lugar, también desempeñaron un papel decisivo los activistas que trabajaban para reclutar seguidores entre las élites provinciales y militares a lo largo del valle del río Yangtsé y supieron traducir este apoyo en una levantamiento real en Wuchang.
Con este trasfondo de factores confluentes, se fraguó un consenso a favor de derrocar la dinastía Qing y la corte fue obligada a abandonar el poder. Sin embargo, el territorio de Qing no se desmembró bajo la nueva bandera de “cinco razas, una sola unión”; se permitió a la corte mantener su prestigio en cierto grado, para defender su honor, y el emperador continuó viviendo en la Ciudad Prohibida mientras la familia imperial continuó gozando de ciertos privilegios. Además, la subsiguiente transferencia de poder a Yuan Shikai, un ex general imperial, propició que el cambio de gobierno se pareciera más a una sucesión que a una revolución.
