La búsqueda de conocimientos modernos en Japón

Gran parte de los conocimientos que Japón absorbió selectivamente de Occidente durante la era Meiji (1868 -1912) pasaron a China a través de libros y de muchos jóvenes chinos que fueron a estudiar a Japón. Esto no significa que los “conocimientos modernos” no entraran directamente en China desde Occidente. Sin embargo, la información que llegaba a China a través de Japón tuvo un impacto particularmente fuerte. Por ejemplo, muchas de las combinaciones de caracteres utilizadas actualmente en China para expresar conceptos como “revolución”, “sociedad” y “economía” fueron préstamos del japonés. Los términos pueden tener sus raíces en los antiguos clásicos chinos, pero fueron los eruditos japoneses quienes hicieron revivir estos términos arcaicos y les dieron significados modernos.

Chiang Kai-Sheck en la Academia de la Armada Imperial Japonesa (Foto: Academia Historia de Taiwan)

Otra cosa es, sin embargo, cómo veían la realidad japonesa estos estudiantes chinos. Aunque el idioma japonés, salpicado de pintorescos términos arcaicos, que la mayoría de los chinos solo habrían encontrado previamente en los clásicos antiguos, podía resultar familiar y nostálgico, no cabe duda de que costumbres ajenas, como la de comer huevos crudos y bañarse desnudos en baños públicos, les causaban repugnancia. No obstante, Japón les proporcionó un acceso relativamente fácil al conocimiento y pericia que China necesitaba para modernizarse.

Incluso la corte de Qing encontró algo en lo que emular a Japón en los primeros años del siglo XX, cuando se tomó la decisión de establecer una monarquía constitucional. Los poderes previstos para el emperador chino en la Quinding Xianfa Dagang de 1908, donde se diseñaron los principios para una constitución imperial, seguían claramente el modelo de los poderes otorgados al Emperador de Japón bajo la Constitución de Meiji. Mientras tanto, los estudiantes chinos en Japón entraron en contacto con una gama mucho más amplia de ideas políticas que abarcaban el republicanismo y el socialismo.

Las ideas políticas no fueron lo único que absorbieron estos estudiantes chinos en Japón. Docenas de cadetes chinos viajaban a Japón cada día para estudiar e instruirse en el Ejército y la Armada Imperial. Los graduados chinos de la Academia de la Armada Imperial Japonesa lucharon en ambos bandos cuando estallaron las hostilidades entre las fuerzas revolucionarias y el Ejército de Quing durante la Revolución de Xinhai de 1911. Al estallar la revolución, el mismo Chiang Kai-Sheck servía en el decimotercer regimiento en Takada, Niigata; pero se apresuró a regresar a China y unirse a los rebeldes tan pronto como tuvo noticias del Levantamiento de Wuchang en 1911. Todo esto sugiere que Japón tuvo un papel vital en este periodo como conducto de información e ideas sobre una sociedad y estado moderno, incluyendo las ideas sobre la reforma y la revolución política.

La incubadora de la revolución

A finales del siglo XIX y principios del XX, exiliados políticos de toda Asia, especialmente de China, se concentraban en Japón. Aunque los rebeldes y disidentes chinos podían también buscar refugio en los territorios liberados y en las concesiones extranjeras, corrían el peligro de ser entregados a las autoridades o ser asesinados mientras permanecieran en suelo chino. La opción más segura era marchar al extranjero, y el vecino Japón era una elección obvia. Nagasaki, en particular, se convirtió en un refugio popular desde Shanghai. Así como el servicio regular de correo marítimo, el tendido de un telégrafo submarino hizo posible recibir las últimas noticias de China casi al instante. Desde el cercano Japón, los exiliados chinos podían seguir organizados, difundir información y recoger fondos para su causa. Aunque eran observados atentamente por las autoridades japonesas -que compilaban numerosos informes sobre sus actividades-, raramente eran detenidos o entregados al Gobierno de Qing.

Miyazaki Tōten (Foto: Biblioteca Nacional de la Dieta)

Sun Yat-sen es un ejemplo perfecto de ello. A diferencia de Chiang Kai-shek y Zhou Enlai, Sun no estudió nunca en Japón, pero tuvo allí una base importante durante sus años de exilio. Japón fue clave para la creciente reputación de Sun en toda Asia Oriental. El libro Kyūsyū Nippō (publicado por Genyōsha, la sociedad ultranacionalista establecida en Kyūsyū) hizo una importante contribución al incluir la traducción japonesa de Miyazaki Tōten de “Secuestrado en Londres”, un relato en inglés por parte de Sun sobre su propio secuestro en la legación china en Londres en 1896 (un incidente que lo hizo famoso de la noche a la mañana en Occidente). Las memorias de Miyazaki, Sanjyū sannen  no yume (Un sueño de treinta y tres años), traducido al chino como Sun I-hsien (Sun Yat-sen), acabó de cimentar su estatura icónica en Asia Oriental.

En 1905, Sun fundó en Tokio la liga revolucionaria Zhongguo Tongmeng Hui (Liga Unida de China) y comenzó a divulgar su causa a través de su propio periódico, Min Bao (Diario del pueblo). La información y la propaganda publicadas desde Japón constituyeron una parte importante de sus actividades revolucionarias. Inmediatamente después de la Revolución de Xinhai regresó a su país para convertirse en el presidente provisional de la República de China. Sun huyó otra vez a Japón en 1913, después de que su sucesor Yuan Shikai sofocase la “Segunda Revolución”, desatada por la supresión de la Asamblea Nacional, y sobre todo por el asesinato de Song Jiaoren (Sung Chiao-jen), el joven líder del partido político Kuomintang. Sun utilizó Japón como base durante los años siguientes. También, durante este periodo Sun se casó con su tercera esposa, la famosa Song Qingling (Sung Ching-ling). La proximidad con China, un coste de la vida relativamente bajo, un buen acceso a la información, y una comunidad de mercaderes y estudiantes chinos de larga tradición hicieron de Japón un refugio ideal para los activistas chinos.