Los jóvenes, siempre implicados en las nuevas religiones

Lógicamente, el escenario económico tiene su influencia, pero viendo la forma en que estos jovenes conocen y respetan los preceptos uno comprende que la explicación no puede ser solo esa. Todo nos conduce a pensar que los jóvenes de hoy en día están desarrollando un interés perfectamente serio por la religión.

Pero los vínculos que unen a los jóvenes con lo religioso no son cosa reciente. Si echamos la vista atrás y repasamos lo que ha sido la historia religiosa de Japón a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, podremos ver a los jóvenes siempre como protagonistas.

El gran cambio en el mundo religioso de la posguerra vino con el ascenso de nuevos grupos como Sōka Gakkai, secta budista basada en las enseñanzas de Nichiren, o Risshō Kōsei-kai, que procede de la Escuela del Loto o Hokkeshū. Estos grupos se han convertido en gigantescas organizaciones. Y quienes abrazaron en aquella época estas nuevas formas religiosas fueron principalmente los jóvenes.

Sobre estos temas expuse detenidamente mis puntos de vista en mi libro Sōka Gakkai (edit. Shinchō Shinsho). Entre mediados de los años 50 e inicios de los 70, es decir, durante la época de rápido crecimiento económico conocida en el mundo como “milagro japonés” este grupo religioso se nutrió principalmente de las grandes masas de jóvenes que emigraron a las ciudades procedentes de las áreas rurales. Entre ellos había muchos hijos de agricultores que por no ser primogénitos no iban a heredar las tierras y que, a su llegada a la gran ciudad, no contaban con una base social que les reportara estabilidad. Estas personas buscaron en Sōka Gakkai esa estabilidad mental que no encontraban en otro lugar. Lo mismo puede decirse de la otra organización a la que me refería, Risshō Kōsei-kai.

El papel protagónico representado por los jóvenes en Sōka Gakkai quedó de manifiesto en octubre de 1954, cuando se celebró la ceremonia llamada shutsujinshiki en las faldas del monte Fuji. La organización se disponía entonces a dar el salto a la política. Participaron en la ceremonia 13.000 jóvenes de ambos sexos pertenecientes a la sección juvenil de la organización.

Estos jóvenes, organizados por sexo, se reunían allí para realizar las prácticas de iniciación (shakubuku), que suelen imponerse a los candidatos a ingresar en la secta. El lugar elegido fue el monte Fuji porque allí es donde se encuentra el templo budista Taisekiji, matriz de la secta Nichiren Shōshū, con la que a la sazón Sōka Gakkai mantenía una estrecha relación. 

Actualmente, cuando oímos hablar de nuevas religiones los japoneses tendemos a imaginar que sus adeptos son mujeres de una cierta edad, pero en los primeros tiempos de estas sectas el papel central correspondió a personas mucho más jóvenes.

Contra el fin del mundo, poderes sobrenaturales: las “novísimas religiones”

Esto no es aplicable solo a las llamadas “nuevas religiones” (shinshūkyō). La tendencia se ha mantenido en años posteriores. En 1973 se produjo la crisis del petróleo, que cerró de hecho la etapa de rápido crecimiento económico y supuso también un freno al crecimiento de las “nuevas religiones”. En el caso de Sōka Gakkai, los años 1969 y 1970 vinieron marcados por una oleada de rechazo social, al conocerse la forma en que la organización había tratado de obstaculizar publicaciones de contenido crítico.  

A partir de entonces, las “nuevas religiones” ceden ante el empuje de las que se dieron en llamar “novísimas religiones” (shinshinshūkyō), lo cual puede relacionarse con el creciente interés que se sentía en la época por el tema del fin del mundo. Ese mismo año de 1973 fue el de la publicación en japonés de las profecías de Nostradamus, y también el de la aparición del best-seller Nihon Chinbotsu (Japón se hunde). Frente a las “nuevas religiones”, que aspiraban a soluciar los males de este mundo (pobreza, enfermedades, guerras, etc) prometiendo favores palpables, las “novísimas” predicaban el fin del mundo y centraban sus actividades en la obtención de poderes sobrenaturales que permitieran superar esa crisis.

Y quienes acudieron en masa fueron, como siempre, los jóvenes. No se trataba ya de personas recién llegadas a las ciudades del medio rural, sino, principalmente, de nacidos en el medio urbano. Desde un punto de vista generacional, corresponden a los hijos o nietos de los primeros. 

Mahikari, GLA, Agon, la Iglesia de la Unificación o los Testigos de Jehová son ejemplos de esta nueva hornada de credos, pero en esta época también los de la hornada anterior trataron de acercarse por todos los medios a la juventud. Un buen ejemplo es el movimiento Innātorippu (inner trip), promovido por el grupo Reiyūkai, que a su vez fue el origen de la secta Risshō Kōsei-kai, a la que me he referido anteriormente. Esta es la época en que Sōka Gakkai comienza a celebrar sus festivales por la paz mundial, dirigidos principalmente a los creyentes de segunda y tercera generación, para despertar la fe y atraer a más gente a la organización.

La Verdad Suprema y Happy Science, producto del boom religioso

Y con la burbuja económica llegó a Japón el llamado “boom de las religiones”, que sumó a las “novísimas religiones” un nuevo interés por diversas formas de adivinación, por el channeling para ponerse en contacto con espiríritus o con extraterretres, por los seminarios de desarrollo (crecimiento) personal, etc. Y otra vez son los jóvenes los que más se interesan por estos intentos de naturaleza similar a la de las religiones.

Es durante este boom cuando emergen formas como la Verdad Suprema (Aum Shinrikyō) o la Happy Science (Kōfuku no Kagaku). En la primera de ella los veinteaños representaban una amplia mayoría entre sus creyentes. Muchos jóvenes decidieron abandonar la sociedad real para entrar en la secta de la Verdad Suprema, algo que podían hacer fácilmente porque no tenían responsabilidades, lo que les permitía experimentar este tipo de fenómenos sin mayor dificultad.

Vemos así con toda claridad que los protagonistas de las religiones del Japón surgido de la Segunda Guerra Mundial han sido siempre los jóvenes. Cuando una religión nace y se convierte en un fenómeno que atrae la atención de la sociedad, siempre son los jóvenes los que más interés muestran. Desde esa perspectiva, es comprensible también que sean los jóvenes quienes más se acerquen hoy en día templos y santuarios.