Ausencia absoluta de elementos políticos
El título del libro de Harada, Yankī keizai (“Economía de los yankī”) viene seguido por el subtítulo Shinhoshusō no shōtai (“La verdadera naturaleza de los neoconservadores”), que sugiere una conexión entre ambos conceptos. Pero su autor se muestra escéptico al respecto. “Relacionar a los yankī suaves con los neoconservadores no es más que un malentendido. Para decirlo de una vez, en los yankī suaves no encontramos ningún elemento político”, afirma. Es decir, que su estilo de vida puede parecer conservador, sin que esto vaya acompañado por una conciencia política de ese mismo signo.
Actualmente, como expresión del conservadurismo más extremo, está empezando a ser un problema social el discurso del odio (hate speech) desplegado desde posiciones excluyentes o xenófobas. Cabe preguntarse si existe algún punto de contacto entre los jóvenes que sostienen ese discurso del odio y los yankī suaves. Harada sale al paso diciendo que, en realidad, en la vida diaria de los yankī suaves el discurso del odio no ocupa ningún lugar. “El propio hecho de que exista un ‘discurso del odio’ lo conocerán muy superficialmente y solo de oídas”, añade.
Ninguna relación con el discurso del odio
Harada ha recorrido diversos países de Asia estudiando las encuestas relacionadas con el comportamiento de los jóvenes y ello le permite decir que en países como China o Corea del Sur hay jóvenes de mentalidad antijaponesa y que en general por todo el Sudeste Asiático hay un determinado sector de la población que realiza algún movimiento de boicot u oposición contra países extranjeros. Su impresión es que entre estas personas el grupo central lo constituyen los titulados superiores y los estudiantes universitarios.
Ocurre en todos los países que en los estratos sociales más proclives a implicarse en actos excluyentes o xenófobos como el discurso del odio están presentes personas que en algún sentido se han visto socialmente postergadas o perjudicadas. “Echan la culpa de lo que les ocurre al otro, al de fuera, este esquema se ve en todas partes, y el discurso del odio que se está haciendo oír en Japón sería un exponente de eso mismo”, concluye Harada.
“Los yankī suaves no tienen demasiada relación con esos sectores”, continúa Harada, “y no creo que se produzcan contactos entre ellos. Porque a ellos lo que les gusta es quedarse en su tierra, con los compañeros y la gente a la que aprecian, y con eso se dan por satisfechos”.
En realidad, para Harada el problema no es que este grupo se le ponga tal o cual etiqueta y quede encasillado. “Mucho más importante es qué hacer para conseguir que tengan algún interés en la política. Yo creo que estamos llegando al momento en que los políticos y los adultos en general tienen que empezar a discurrir alguna manera de dar un gran giro a su amor extremo al terruño y conectarlo con el interés por la política.
El fin de la suavidad: una evolución previsible
¿Qué futuro espera a los yankī suaves? Hoy en día hay dos visiones. “Una es la que vaticina una extensión de este grupo por la sociedad japonesa y de otros países asiáticos. Cuando más se desarrolla un país, mayor es la presencia de este tipo de jóvenes. En Japón apenas estamos empezando ahora a tener una conciencia social comparable a la que alcanzó Occidente durante su época de madurez a finales de los años 80, y es precisamente ahora cuando aparecen los yankī suaves”. Harada prevé que si los países asiáticos continúan desarrollándose como hasta ahora, una parte de la población juvenil adoptará esa misma tendencia. “De hecho, en ciudades como Shanghai o Seúl, que se han desarrollado a gran velocidad, el ambiente que rodea a los jóvenes no dista demasiado del que tenemos en Japón y la tribu de los yankī suaves va apareciendo poco a poco. Claro que en Filipinas o Vietnam, que son países todavía en desarrollo, no se ha llegado a ese punto”, explica Harada.
La otra visión es la que considera que el de los yankī suaves no es más que un fenómeno pasajero cuya continuidad no está asegurada. “La idea que subyace”, explica Harada, “es que cuando los actuales yankī suaves se conviertan en padres la situación económica de esas familias va a descender un nuevo escalón. Los padres de los actuales yankī suaves constituyen la última generación que ha disfrutado mayoritariamente de un empleo fijo, pero de la siguiente generación en adelante la proporción de precariedad laboral va aumentando. El resultado es que los hijos de los yankī suaves ya no van a tener unos padres con casa en propiedad en la que vivir de gorra y se prevé que la situación económica de muchas familias sea muy difícil. Y para ser yankī suave es necesario tener unos padres con cierta estabilidad económica. Conforme las cosas empeoren lo suave se volverá más radical y esto podría conducir, en el futuro, a la aparición de un tipo más genuino que podríamos llamar gachiyankī (yankī sin contemplaciones)”.
Se prevé, pues, que situaciones de pobreza o inferioridad social tengan un fuerte influjo sobre los yankī suaves del futuro. En cualquier caso, Harada insiste en que para tener una idea correcta de hacia dónde se mueven los jóvenes en general, tanto en Japón como en los países asiáticos, es fundamental hacer un seguimiento pormenorizado de las evoluciones de este grupo. Tal vez conceptos tan tradicionales y clásicos como “lugar de origen”, “vínculo con la tierra”, “padres” o “grupo de amigos”, tan caros a los yankī suaves, sean al mismo tiempo las palabras clave que nos permitan comprender a los jóvenes que viven en esta sociedad madura de nuestros días.
(Compuesto a partir de una entrevista mantenida el 18 de mayo de 2014 y traducido al español del original en japonés. Fotografías de la entrevista: Kimura Junko)



