¿A dónde ha ido a parar el combustible fundido?

La pregunta es, entonces, en qué punto del proceso están las labores de desmantelamiento. En los edificios de los tres primeros reactores la radiación es tan fuerte que no permite el acceso de personas a su interior. No se tienen precedentes en ningún país del mundo de trabajos de extracción de combustible nuclear y desguace de estructuras que hayan tenido que hacerse en condiciones tan duras. Las operaciones propiamente dichas todavía no se han iniciado. En esta fase se está empezando a hacer los estudios para conseguir informaciones tan básicas como qué tecnologías serían necesarias en los trabajos, o dónde y en qué estado se encuentra el combustible fundido.

Se ha decidido ya que serán desmantelados los seis reactores de Fukushima Daiichi. Los números 5 y 6, que apenas sufrieron daños, serán utilizados por el momento como bancos de prueba para ensayar la mejor forma de desmontar los números 1, 2 y 3. En el número 4, que cuando ocurrió el accidente estaba siendo sometido a una inspección regular, se ha completado ya la extracción de las 1.535 barras de combustible nuclear usado que había en la piscina. Es el reactor en el que más avanzadas están las labores previas al desmantelamiento, pero el calendario de este sigue sin establecerse y por el momento TEPCO da prioridad a los trabajos en los tres primero reactores.

En el número 1, en octubre de 2015 se retiraron los paneles de la parte superior de la cobertura que se había colocado sobre el edificio del reactor para evitar la dispersión del polvo radiactivo. Una vez se retiren también los paneles laterales y se coloquen protecciones frente al viento, se procederá a retirar los escombros acumulados en la parte superior del edificio. Se espera que las labores de extracción del combustible de la piscina se inicien en 2020.

Para el número 2, las previsiones apuntan a que las operaciones de desguace de la parte superior del edificio comenzarán en el verano de este año (2016). A diferencia de los reactores 1, 3 y 4, donde ocurrieron explosiones de hidrógeno, el edificio del número 2 se conserva casi intacto, pero para extraer el combustible será necesario instalar una nueva grúa y otros equipos, ya que las instalaciones presentan un elevado nivel de radiación y los equipos existentes están contaminados, por lo que habrá que retirarlos. Se desmontarán todas las estructuras que quedan sobre el piso de la cuarta y última planta y después, durante el año fiscal 2020, se dará comienzo a la extracción del combustible de la piscina.

Edificio del reactor 2 (primer plano). Al fondo, el del reactor número 1.

En el reactor 3, cuya parte superior quedó reducida a un montón de chatarra a consecuencia de la explosión de hidrógeno, se ha terminado ya de retirar los hierros y los pedazos de hormigón más grandes. Hasta ahora, los trabajos de descontaminación han consistido en raspar el suelo de la planta superior y absorber los restos más menudos. La cubierta del edificio, que incluye la grúa que se utilizará para extraer las 566 barras de combustible que permanecen en la piscina, se encuentra actualmente a 50 kilómetros al sur, en la ciudad de Iwaki (prefectura de Fukushima), donde se hacen los preparativos y ensayos para su instalación. El traslado se hará en la primera mitad de 2016, se instalará la grúa y se cree que durante el año fiscal 2017 podrá comenzarse la extracción del combustible.

El reactor 3, de cuyo edificio ha sido retirada la parte superior. Al fondo, el reactor 4.

Como parte de los estudios para conocer el estado del material fundido en los reactores, se planea introducir robots en la zona central de la cámara de contención del reactor 1 durante el presente año. Estos robots portarán una cámara fotográfica que se hará descender hasta la zona baja de la cámara para ver si es ahí donde está el combustible y cuál es su estado. En el reactor 2 el inicio del estudio ha tenido que posponerse y en el reactor 3 ni siquiera hay fechas para la realización de tal estudio.

La circunstancia que explica estos retrasos en los planes para comprobar el estado real del interior de las cámaras de contención son los altísimos niveles de radiación que se dan en esos espacios. Los estudios se llevarán a cabo con robots de control remoto, pero las radiaciones dificultarán la utilización de los dispositivos. Es muy posible que los semiconductores y motores eléctricos que forman parte de los robots, al acercarse al combustible fundido, que es la fuente de radiación, queden seriamente afectados. El reto es ahora crear robots que funcionen sin problemas incluso en esas condiciones de alto nivel de radiactividad y aunque las investigaciones avanzan, la solución perfecta no está todavía en el horizonte.

Hacia el verdadero renacer de una región

Aun suponiendo que se consiga tener una idea clara de cuál es el estado del combustible fundido, esto permitirá apenas dar inicio a las operaciones de desmantelamiento de los reactores. ¿Cómo podrán extraerse unas barras quizás deformadas? Se cree que la solución podría ser inundar completamente de agua las cámaras de contención y extraer las barras con dispositivos creados ad hoc, pero ni siquiera se sabe con certeza si será posible inundar de agua esos espacios. Es evidente que las cámaras han sufrido desperfectos con el accidente y en su situación actual toda el agua que pueda verterse acabaría fluyendo hacia el subsuelo. Si no se localizan y reparan esos desperfectos para que el agua no escape, no tendrá sentido usar el agua a ese efecto. Por supuesto, nada indica que los desperfectos se localicen en un único lugar.

Madarame Haruki, que como presidente de la Comisión de Seguridad Nuclear del Estado (órgano que supervisaba de forma autónoma la aplicación de las normas de seguridad en las instalaciones nucleares) actuaba como asesor del Gobierno cuando ocurrió el accidente, cree que evitar estas fugas de agua desde la cámara de contención resultará muy difícil, y que si no es posible inundarlas de agua tampoco será fácil extraer el combustible sirviéndose de robots. Y que sea posible inundar las cámaras de agua no significa, necesariamente, que los bloques de combustible puedan extraerse uno a uno. Es previsible que sea necesario cortar el material fundido en pedazos. El siguiente problema sería entonces qué hacer con esos pedazos, dónde y cómo guardarlos, preguntas que actualmente siguen sin encontrar respuesta.

Madarame afirma que para ver un final definitivo, tal vez haya que esperar unos cien años. En el caso de la central nuclear de Mihama, operada por la Compañía Eléctrica de Kansai, se ha tomado la decisión de cerrar definitivamente los reactores 1 y 2, estableciéndose para ello un plazo de 30 años. El plazo es de 25 años en el caso del reactor 1 de la central de Tsuruga, de la Compañía Eléctrica Atómica de Japón, cuyo cierre también se ha decidido. Estos plazos corresponden, conviene resaltarlo, al desmantelamiento de reactores en estado normal, que no han sufrido ningún accidente.

En vista de cuál es la situación real de Fukushima Daiichi, es de temer que las previsiones de Madarame sean mucho más acertadas que el calendario previsto por el Gobierno y TEPCO. Un calendario que nos habla de un máximo de 40 años hasta el desmantelamiento completo pero que, en realidad, carece de un fundamento sólido. Son incapaces de decir algo seguro sobre la forma de llevar a cabo las operaciones y cualquier variación en el estado del combustible fundido o en los niveles de radiactividad con respecto a las previsiones puede hacer variar en gran medida todo el proceso.

Es probable que en un futuro no muy lejano el Gobierno y TEPCO revisen este calendario. Pero aunque el resultado de esa revisión sea una dilatación de los plazos, no servirá de nada culpar por ello a las autoridades. Las operaciones que han de llevarse adelante no tienen por finalidad el cumplimiento de unos plazos anunciados. Lo importante es llevar a buen puerto esas operaciones de manera segura y firme. Solo entonces podremos empezar a hablar de un verdadero renacer para Fukushima.

Fotografía del titularTanaka Shun’ichi (primer plano), presidente de la Comisión Reguladora Nuclear, inspecciona la tarde del 13 de febrero de 2016 las instalaciones de la central nuclear Fukushima Daiichi, operada por TEPCO. (Fotografía distribuida a los medios a través de Jiji Press)