De Hong Kong a Japón, pasando por Corea del Sur
Los casos de contrabando de lingotes de oro se han multiplicado desde que, en abril de 2014, el impuesto sobre el consumo fue elevado del 5 % al 8 %. Es evidente que el atractivo del negocio aumentará cuando dicho impuesto sea elevado hasta el 10 %, tal como está planificado. Por lo que hemos podido conocer a través de estos casos, la ruta del contrabando tiene las siguientes etapas:
1) El oro se adquiere en Hong Kong, de donde puede exportarse sin restricciones, y se dirige a Corea del Sur.
2) En la zona de trasbordos del aeropuerto internacional de Incheon (Corea del Sur) el cargamento se distribuye entre varios “mulas” o “camellos” que se encargan de introducir el oro en Japón sin declararlo en la aduana.
3) Ya en Japón, se vende a un comprador cargando un 8 % equivalente al impuesto que no se ha pagado.
4) El dinero obtenido se lleva a Hong Kong.
Si por el oro adquirido se han pagado 100 millones de yenes, una vez vendido en Japón se le puede extraer un beneficio de ocho millones. Ese capital de 108 millones se convertirá la próxima vez en 116,64 millones. Un negocio redondo que permite ganar cada vez más dinero por la misma operación. Lógicamente, los desplazamientos y trámites suponen ciertos gastos, pero muchos contrabandistas realizan varios negocios a la semana y logran doblar su capital en un mes.
Caen los peces chicos, pero…
Además de los dos atracos citados, la policía ha hecho detenciones por otros muchos casos. En marzo de 2017, dos funcionarios del ayuntamiento de Osaka fueron detenidos en el aeropuerto de Fukuoka cuando intentaban introducir desde Corea del Sur seis kilogramos de oro, por un valor de 27 millones de yenes. Según dijeron, se dedicaban a hacer estas operaciones como si fuera un trabajo cualquiera, a petición de una persona a la que habían conocido jugando al pachinko.
Justo después del caso de abril en Tenjin, en el mismo aeropuerto cayeron cuatro surcoreanos que trataban de llevar a Hong Kong 435 millones de yenes no declarados. La policía de Fukuoka explicó que los cuatro pertenecían a una gran organización de contrabando de lingotes de oro que opera con base en Corea del Sur. El dinero que llevaban era fruto de una operación de venta de oro procedente de dicho país. Durante la investigación se descubrió que en un solo día, 30 miembros de la organización que partían del aeropuerto de Incheon a bordo de diversos aviones introducían en Japón un total de 150 kilogramos del metal precioso.
En ese mismo periodo, fue robada en una calle de Ginza (Tokio) una maleta que contenía 72 millones de yenes procedentes de la venta de lingotes de oro, que se había realizado inmediatamente antes.
En mayo quedó al descubierto otra ruta marítima de introducción de oro desde Shanghái. En un barco dedicado a la pesca del calamar que estaba atracado en el puerto pesquero de Karatsu (prefectura de Saga) se descubrieron 206 kilogramos de oro y fueron detenidos varios miembros de un grupo de contrabandistas, entre ellos uno de nacionalidad china.
Estos son los casos que han salido a relucir. Los robos de lingotes normalmente afectan a partidas procedentes del contrabando. Por esta razón, en muchos casos las víctimas prefieren no denunciar los hechos y tienen que resignarse a sufrir la pérdida en silencio.
En todo caso, lo que no deberíamos olvidar es que el Estado está siendo privado de esa parte que le correspondería percibir por el impuesto sobre el consumo y que, además, ingentes cantidades de dinero están fluyendo hacia el inframundo.
Reportaje y texto: Redacción de Power News
Fotografía del encabezado: agentes de la policía inspeccionan las proximidades a la calle del barrio comercial de Tenjin (ciudad de Fukuoka), donde un grupo de atracadores se llevó 380 millones de yenes. (Fotografía: Jiji)


