El atolladero de Kim Jong-un
El presidente Kim Jong-un se encuentra en una posición extremadamente delicada. No puede dialogar con los dirigentes de otros países; la imposibilidad de dialogar con los líderes de China y Rusia tiene un impacto decisivo. Y, al no ser reconocido por la comunidad internacional, carece de legitimidad como dirigente.
Para que un “chaval” de solo 32 años pueda gobernar un ejército de 1 millón de soldados y un país de 20 millones de ciudadanos, necesita un poder político extraordinario. Incluso el presidente Kim Il-sung le contó a Sasakawa que “los dirigentes de nuestro país fracasan si no son capaces de ganarse la confianza de los mayores”. Y explicó que, a causa de los valores confucianistas profundamente arraigados en el país, “las personas mayores tienen una fuerte influencia, e infravalorarla puede costarle a uno el poder político”.
A juzgar por esa frase de Kim Il-sung, Kim Jong-un está tomando decisiones muy arriesgadas al ejecutar a los altos cargos del ejército uno tras otro y apresurar el relevo generacional del ejército, del partido y de los altos funcionarios gubernamentales. Los cargos intermedios mayores de 55 años se ven cesados y sustituidos por otros de la generación de Kim Jong-un.
Existe el peligro de que en el ejército se esparza el descontento, la insurrección y la desobediencia. El aparato de inteligencia de Corea del Sur ha revelado la existencia de ataques contra Kim Jong-un. Ya casi no se habla de las inspecciones del ejército, antaño tan frecuentes y enérgicas; eso es una prueba de que algo ocurre.
La raíz del descontento y el rechazo del ejército es la abolición de la política de priorización del ejército. En tiempos de Kim Jong-il, bajo el eslogan “primero el ejército”, las fuerzas armadas recibían un trato de favor y ejercían una tiranía patente, arrebatando alimentos y propiedades a los ciudadanos. Al sustituir el presidente Kim Jong-un el “primero el ejército” por el “primero el desarrollo nuclear”, la carencia de suministro y capital de las fuerzas armadas y su personal se agravó.
Kim Jong-un también pretende despojar al ejército de los derechos de explotación de las minas de oro y los metales escasos, así como los derechos del comercio con divisas extranjeras. Los dignatarios y dirigentes militares que no ceden sus derechos son ejecutados. Es decir que lo que se esconde detrás de las ejecuciones son conflictos de intereses.
La difícil situación en que se ve envuelto el presidente Kim Jong-un conlleva el fomento del desarrollo nuclear y el lanzamiento de misiles. Para establecer el control y el prestigio ante el ejército es absolutamente imprescindible mantener el programa nuclear del país y demostrar los resultados de la política de priorización del desarrollo nuclear, como también lo es fabricar misiles balísticos lanzados desde submarinos y misiles de largo alcance. Por eso Kim Jong-un tiene tanta prisa.
A los dirigentes de Corea del Norte se les exigen tres cosas: (1) medidas dirigidas a las personas mayores, (2) legitimidad y (3) grandes logros. No pueden mantener un poder estable a menos que las cumplan todas.