La renuncia a la energía nuclear es poco práctica
Tras la catástrofe nuclear de Fukushima, Alemania e Italia decidieron dar un giro a sus políticas energéticas para alejarse de la energía nuclear; y en Japón el debate sobre la necesidad de realizar un paso similar también se ha intensificado. Pero Japón no puede debatir la cuestión nuclear de la misma manera que esos dos países. En Eurasia y América, los países están conectados a través de líneas eléctricas y gasoductos. Por ello, en la Unión Europea y América del Norte, la cuestión que deben plantearse los políticos es la posibilidad de suministrar energía de forma estable desde dentro de una región más amplia, en lugar de cada país por su cuenta.
Obviamente, Japón es un país archipiélago y no está conectado a las redes de energía de otros países. Además, su nivel de autosuficiencia energética, a partir de fuentes de energía geotérmica, hidroeléctrica, solar, eólica y otro tipo de fuentes domésticas, es un exiguo 4%. Y el 100% del uranio que utilizan las centrales nucleares japonesas es importado. Si la reutilización del combustible de plutonio en los reactores reproductores se clasifica como fuente energética “semidoméstica”, la autosuficiencia del país aumentaría hasta el 18%. No obstante, esto lo continuaría colocando en el nivel más bajo de los países desarrollados.
El aumento del nivel de autosuficiencia energética de Japón a largo plazo exigirá tanto la conservación de energía como iniciativas inequívocas para introducir y generalizar fuentes de energía renovable al máximo.
Pero eso no significa que la energía nuclear sea una opción innecesaria. Resultaría bastante difícil sustituir toda la electricidad generada por la energía nuclear, que ahora representa alrededor de un 30% del total del suministro energético de Japón, con fuentes de energía renovable, dada la inestabilidad de suministro que las caracteriza. La energía nuclear ofrece una fiabilidad extraordinaria de suministro por varios motivos como, por ejemplo, que una vez conseguido el combustible del reactor, puede utilizarse para generar electricidad durante varios años. Por ello, no se puede eliminar la opción nuclear.
Las actuales regulaciones japonesas obligan a cerrar las centrales nucleares temporalmente cada trece meses para realizar una inspección periódica. En la actualidad, los gobiernos locales están negándose a permitir la reanudación de las operaciones tras las inspecciones a causa de la desconfianza de la opinión pública hacia la energía nuclear. Si esta situación continúa, las centrales nucleares inspeccionadas quedarán inactivas indefinidamente y todas las centrales nucleares de Japón quedarán fuera de servicio en mayo de 2012.
El Instituto de Economía Energética de Japón (IEEJ) ha calculado las consecuencias potenciales que podrían ocurrir si esa situación acabase produciéndose.
Una consecuencia muy clara es que habría una gran escasez de electricidad. A corto plazo la escasez se produciría no sólo en el este de Japón, sino en todo el país. Otra cuestión es el impacto económico. Si todos los reactores se parasen, las opciones sustitutivas más inmediatas serían compensar la escasez de electricidad aumentando la generación de las centrales térmicas existentes, quemando petróleo, GNL y carbón y/o construyendo nuevas turbinas de GNL. Ante tal situación, los costes del combustible para el año fiscal 2012 (de abril de 2012 a marzo de 2013) superarían a los del año fiscal 2010 en aproximadamente 3,5 billones de yenes. Si este aumento de los costes se trasladase a los consumidores, la factura eléctrica aumentaría alrededor de 3,7 yenes por kilovatio-hora. El sector industrial sería el más afectado, ya que el IEEJ calcula que las tarifas eléctricas para fines industriales aumentarían cerca de un 36%.
La deslocalización industrial podría acelerarse
A causa de la incertidumbre sobre el suministro de electricidad, la tendencia hacia la deslocalización industrial en Japón ha aumentado. Si se imponen unos costes más altos sobre los usuarios del sevicio eléctrico, será lógico que los fabricantes se vean más presionados a trasladar sus operaciones fuera de nuestras fronteras.
Casi todos los combustibles fósiles que necesitan las centrales térmicas de Japón tendrán que proceder de la importación. Las importaciones de GNL serán las que más tendrán que aumentar. En un momento en que países en vías de desarrollo como China e India están peleando también para obtener recursos energéticos en todo el mundo, Japón deberá enfrentarse a una mayor competencia para garantizarse sus propios recursos. Y por si esto no fuera poco, debe considerarse también el impacto de los movimientos democráticos que han proliferado por todo el Norte de África y Oriente Medio, zonas productoras de grandes cantidades de petróleo y GNL. Las causas estructurales de la inestabilidad política de estas regiones seguirán activos durante mucho tiempo y resulta imposible predecir cuándo puede surgir una crisis o de qué tipo.
De momento, Arabia Saudí ha podido escapar de esta ola de cambio político gracias a sus abundantes ingresos por el petróleo, que por ahora se sitúa a un alto nivel de 100 dólares por barril. El país está canalizando los excedentes de la venta de crudo para diluir las frustraciones de su ciudadanía, proporcionando vivienda a buen precio, generando oportunidades de empleo entre los jóvenes, etc. Pero si el precio del petróleo cayese, haciendo imposible evitar la aparición de disturbios sociales, incluso Arabia Saudí podría entrar en la espiral de una conmoción revolucionaria.
La estabilización de la situación política en los países productores de petróleo de Oriente Medio resultará costosa y es muy probable que los precios del crudo continuen siendo altos. En este contexto, si el movimiento global de abandono de la energía nuclear iniciado por la catástrofe nuclear de Fukushima se extiende por todas partes, se acelerará el cambio hacia el uso del GNL. Hasta el momento del terremoto del 11 de marzo, la oferta global del mercado de GNL era excedentaria. Pero este mercado de compradores quedó transformado al instante en un mercado de vendedores tras el impacto de la catástrofe natural y el accidente nuclear en Japón, lo que ha obligado al país a consumir grandes cantidades de GNL para generar electricidad para sus necesidades más inmediatas.
Uno de los mayores proveedores de GNL es Rusia, país que después del 11 de marzo se apresuró a anunciar que estaba preparado para ayudar a Japón a garantizar sus necesidades de GNL. Todos los países proveedores de GNL obtuvieron una posición política ventajosa a raíz de la catástrofe, ya que vieron reforzada su postura global; la sólica posición de Rusia podría salir beneficiada, teniendo un efecto similar en otros temas, como se observa en la disputa territorial con Japón sobre los Territorios del Norte, el pequeño grupo de las Islas Kuriles en la costa de Hokkaido.
Por su parte, China ha ido aprovechando sus abundante capital para realizar acciones concertadas que le garanticen la obtención de recursos naturales en países de todo el mundo. Esto plantea a Japón la nueva tarea de imaginar cómo asegurarse de forma fiable, en este tendencia mundial, y a un precio razonable, el GNL que prácticamente sólo puede conseguir a través de la importación.
