Problemas medioambientales producidos por una urbanización acelerada
Como revelan estos ejemplos, los proyectos de desarrollo agrícola llevados a cabo en China hasta los primeros años de este siglo con la intención de mejorar el autoabastecimiento alimentario y de aumentar en general la producción de alimentos han causado desertización y empobrecimiento de los suelos de montaña, fenómenos responsables de las grandes tormentas de arena que se están produciendo, así como de una gran variedad de problemas, entre ellos la escasez de agua o las inundaciones. Pero este esquema se transformó a partir de la segunda mitad del primer decenio de nuestro siglo, cuando se agudizaron los procesos de urbanización e industrialización.
La región autónoma de Mongolia Interior, que perdió gran parte de sus estepas herbáceas y vio agravarse la desertización como consecuencia de estos proyectos de desarrollo agrícola, está viviendo ahora un rápido desarrollo del sector minero, con explotaciones como el carbón o las tierras raras, paralelamente a un agudo proceso de urbanización de las áreas rurales. Las minas de carbón de esta región, que, como ocurría en Japón, consistían antiguamente en peligrosos laberintos de túneles, han dado paso a grandes canteras (minas a cielo abierto). En sus inmediaciones, las viejas aldeas rurales experimentan un proceso de urbanización similar a los que contemplamos en algunos países del Oriente Medio. Los incentivos a la producción agrícola se han reducido, de forma que la presión de esa parte es ahora menor. En círculos académicos chinos se ha llegado a decir, incluso, que el proceso de desertización ha dejado de producirse.

Las canteras de carbón constituyen una nueva fuente de problemas medioambientales, pero una severa legislación obliga a las empresas a restaurar el entorno natural. Así pues, las cosas han cambiado mucho desde aquella época en que muchas ONG japonesas trabajaban en la reforestación de esta área.
China comienza a dar soluciones propias a sus problemas
Así visto, el problema medioambiental chino reviste gravedad, pero limitar nuestra comprensión a estos hechos sería perder de vista otras cosas igualmente importantes. Por ejemplo, hay que considerar que en los últimos tiempos este mismo policy mix con el que se pretende compatibilizar crecimiento económico y conservación del medio ambiente, dos ideas que, en principio, se encuentran en una relación de trade-off (necesaria pérdida de una cierta cualidad como consecuencia de la obtención de otra cualidad) ha alcanzado una extensión mundial. En el caso chino, tenemos las medidas para favorecer el medio ambiente utilizando los mecanismos del mercado y los incentivos económicos, dentro de una política acuñada en 2004, durante el mandato presidencial de Hu Jintao, orientada a conseguir la así llamada hexie shehui (sociedad en armonía).
China obtiene del carbón el 70 % de su energía primaria y es el país que más óxido de azufre lanza a la atmósfera desde sus centrales térmicas alimentadas con carbón. Se informó de que el Estado chino se había propuesto el objetivo de disminuir las emisiones de esta sustancia en un 10 % para 2010. Entre 2000 y 2005 se instauró un sistema que penalizaba fiscalmente las emisiones (impuesto a la emisión y contaminación) y se tomaron otras medidas que no funcionaron, como tampoco tuvieron éxito los dispositivos de fabricación japonesa para reducir el contenido de azufre de las emisiones, que aunque efectivos, resultaban demasiado costosos. Pero a partir de 2005 las empresas chinas comenzaron a desarrollar sus propios purificadores, lo que hizo posible rebajar considerablemente su costo. Fruto de ello, se consiguió una gran difusión de dispositivos de fabricación nacional, gracias a lo cual ha sido posible alcanzar en gran medida el objetivo (Horii 2010).
China está demostrando también un gran interés en la introducción de las energías renovables, como la solar o la eólica. La producción de células fotoeléctricas, necesarias para la producción de energía solar, estuvo liderada al principio por Japón y después por Alemania, pero desde hace dos o tres años las empresas chinas les han tomado la delantera. Algo similar ocurre con la energía eólica, pues China es ya número uno mundial en potencia instalada y tres de las 10 empresas líderes del sector son chinas. En política ambiental ligada a incentivos económicos, no parece un error pensar que China está incluso más avanzada que Japón. Como ocurre en otros muchos sectores manufactureros, también en este los productos chinos destacan por sus bajos costos.
