El inicio de la guerra y las fluctuaciones políticas en Japón

En agosto de 1914, un mes después de desatarse el conflicto en Europa, Japón, alineado con los Países Aliados, se implicó en el mismo declarando la guerra a Alemania. Al iniciarse la guerra, la política japonesa atravesaba una época de grandes cambios. Tras la caída, en 1867, del gobierno shogunal de los Tokugawa, Japón se había embarcado en un proyecto de modernización nacional como parte del cual promulgó en 1889 su primera constitución, que entraría en vigor un año más tarde con la inauguración de la Dieta Imperial (órgano legislativo). La Primera Guerra Mundial estalló, pues, aproximadamente 25 años después de este gran giro.

Los primeros años después de la caída del shogunato estuvieron marcados por el antagonismo entre la oligarquía política, procedente de los han (señoríos feudales) de Satsuma y Chōshū, que habían liderado la Restauración Meiji y monopolizaban el gobierno, y los emergentes partidos políticos, que trataban de promover los derechos civiles. Sin embargo, hechos como la Primera Guerra Sino-Japonesa (1894-95) o la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) allanaron el camino hacia el ascenso y consolidación de los partidos políticos, entre los cuales el más poderoso fue el Rikken Seiyūkai (en adelante Seiyūkai, organizado por el prócer de la restauración Itō Hirobumi en 1900), que compitió con la oligarquía de los han y los burócratas y llegó a turnarse con ellos en el poder.    

A la entrada del nuevo siglo, la política japonesa afrontaba una nueva etapa y lo hacía en dos sentidos. Por una parte, se había producido entre sus líderes un relevo generacional. Por la otra, de una política fuertemente influida por los genrō (viejos estadistas procedentes de las burocracias particulares de los han), se estaba pasando a un orden político mucho más abierto. En este contexto, entre 1901 y 1913 se turnaron al frente del gobierno dos políticos de la nueva generación: Katsura Tarō, representante del han de Chōshū, y Saionji Kinmochi, del partido Seiyūkai, mayoritario en la Cámara Baja. Pero esta transitoria estabilidad no duró mucho. En 1912, coincidiendo con el fallecimiento del Emperador y el cambio de era, comenzaron las turbulencias. Bajo los lemas de “¡Abajo las camarillas políticas!” y “¡Apoyemos la Constitución!”, se organizó el Primer Movimiento Constitucionalista, en protesta por la situación sobrevenida cuando el segundo gabinete Saionji dimitió en pleno en respuesta a la actitud de su ministro del Ejército de Tierra, que había abandonado unilateralmente su puesto tras ver denegada su petición de reforzar el ejército con dos nuevas divisiones. Aunque bajo la Constitución de Meiji la designación del primer ministro era prerrogativa del Emperador, en la práctica la decisión la tomaban colegiadamente los genrō. Frente a ello, comenzó a exigirse que se respetara la ortodoxia constitucionalista y que el primer ministro procediese siempre del partido que contase con la mayoría en el legislativo, y fue esta presión social la que acabó, a principios de 1913, con el siguiente gabinete (tercer gabinete Katsura), que había sido formado en diciembre del año anterior por Katsura Tarō, un genrō procedente del ejército. Fue la llamada Crisis Política de Taishō.    

A inicios de 1914, el escándalo que causó un caso de corrupción en el seno de la Armada tuvo como consecuencia la caída de un nuevo gabinete.

El gabinete Hara inaugura una época

Hara Takashi, primer ministro de Japón (Fotografía: Cortesía de Jiji Press)

Es entonces cuando estalla la Primera Guerra Mundial, que, si bien opera de alguna forma a favor de esta nueva política de partidos en Japón, al mismo tiempo la ralentiza o interrumpe momentáneamente. Katō Takaaki, que como ministro de Asuntos Exteriores en el segundo gabinete de Ōkuma Shigenobu dirigía la política exterior de Japón como país beligerante, lideraba el partido fundado por Katsura, el Rikken Dōshikai, enfrentado entonces al Seiyūkai. Katō trató de apartar a los genrō de los órganos de decisión, pero su apresuramiento al conducir a Japón a la guerra y el envío al Gobierno chino del Pliego de las 21 Exigencias le valieron duras críticas tanto en Japón como en el extranjero.

Pero la guerra instauró en el país una atmósfera de unión y cohesión que aupó a la jefatura del gabinete al militar del Ejército de Tierra Terauchi Masatake, lo cual trajo consigo una involución que devolvió al país a la época previa al surgimiento del movimiento constitucionalista. El gabinete Terauchi, tachado de “gabinete inconstitucional”, se propuso ampliar su base de apoyo político colocando por primera vez a un hombre de partido entre los encargados directos de tomar decisiones en política exterior. Las alteraciones económicas que acompañaron al periodo final de la guerra provocaron grandes conflictos sociales en Japón, como los disturbios causados por la carestía del arroz en 1918 o los movimientos obreros. Finalmente obtuvo el control del gabinete Hara Takashi, que inauguró el elenco de primeros ministros japoneses con un escaño en la Cámara Baja.

El de Hara es considerado el primer gabinete japonés en estar constituido de acuerdo a los principios de la política de partidos, lo cual resultaba muy apropiado para la imagen de Japón en un momento en que, con la Revolución Rusa y la participación de Estados Unidos en la guerra, la derrota de las potencias centrales se celebraba ante todo como un triunfo de la democracia. Saionji fue enviado, junto a Makino Nobuaki (un político procedente del mundo de la diplomacia) a la Conferencia de Paz de París (1919), donde propuso que el texto del Pacto fundacional de la Sociedad de Naciones incluyese la eliminación de la discriminación racial. Aunque la propuesta japonesa finalmente no cuajó y esto causó insatisfacción, Japón decidió finalmente participar en la nueva organización multinacional como miembro del Consejo Permanente, confiando en que con el tiempo se introducirían tales mejoras.

En el decreto imperial Heiwa Kokufuku no Taishō, emitido en enero de 1920, el Emperador pidió al pueblo japonés que obtuviera los frutos de una paz alcanzada mediante el entendimiento y fuese dócil a las tendencias marcadas por los tiempos. En la Conferencia de Washington, celebrada en la capital norteamericana entre noviembre de 1921 y febrero de 1922, Japón aceptó las propuestas de desarme o reducción de las marinas de guerra, pavimentando así la vía del entendimiento con Estados Unidos y Gran Bretaña. El espíritu de la primera posguerra mundial iba de esta manera institucionalizándose en Japón.

Además de la consolidación de la política de partidos, el otro factor que contribuyó a la armonización internacional durante este periodo fue el ambiente abierto y civilizado que Hara trató de introducir en la Casa Imperial. El entonces príncipe heredero Hirohito (futuro emperador Shōwa) visitó entre marzo y septiembre de 1921 varios países europeos, donde comprobó con sus propios ojos la destrucción causada por la guerra. Además, contó permanentemente con la asistencia de Saionji y de Makino, que se prolongó hasta mediados de los años 30.