Clima progresivamente favorable a la política constitucional

Katō Takaaki, primer ministro. (Fotografía: Cortesía de Jiji Press)

El hecho de que un gabinete como el de Hara se hubiera abierto camino era ya de por sí un exponente de la democratización del país, avalada también por hechos como que el Kenseikai (partido heredero del Rikken Dōshikai), liderado por Katō, propugnara el turnismo, defendiera decididamente la democracia en una época en que todavía era considerada una ideología peligrosa y calificase la victoria en la Primera Guerra Mundial de triunfo de la justicia, la libertad y el humanismo. Esta reestructuración democrática de la política japonesa se hizo sentir también en las relaciones entre las dos cámaras de la Dieta Imperial. Si bien tras los dos primeros gabinetes de partido (el de Hara y el de Takahashi Korekiyo) volvieron a sucederse gabinetes dominados por burócratas, las esperanzas populares de volver a hacer posible el turnismo por la vía constitucional no decrecieron y cuando, en enero de 1924, se instauró el gabinete de Kiyoura Keigo, tercer gabinete de burócratas procedentes de la Cámara de Pares (Alta), las voces que pedían un retorno a la política de partidos tomaron cuerpo en forma del Segundo Movimiento Constitucionalista.

De esta forma, tras las elecciones generales se produjo un cambio político. Katō, líder del Kenseikai, que obtuvo el mayor número de votos, fue nombrado primer ministro, formando un gabinete de coalición en el que quedaron incluidos miembros de las otras dos fuerzas políticas que habían participado en el movimiento: el Seiyūkai y el Kakushin Kurabu (primer gabinete Katō, junio de 1924-agosto de 1925). Durante su mandato, se reformó el sistema electoral eliminando la limitación del derecho al voto a los contribuyentes, instaurándose a cambio el sufragio universal masculino. Además, se reformó la Cámara de Pares (Alta), imponiéndose socialmente la idea de que la Cámara de Representantes (Baja), que gracias a la reforma electoral ampliaba su base popular, debía ostentar la primacía política sobre la primera.

Saionji Kinmochi, primer ministro de Japón. (Fotografía: Cortesía de Jiji Press)

A partir de este momento y hasta 1932 los sucesivos gabinetes siguieron urdiéndose en torno a las fuerzas políticas mayoritarias, aunque todavía quedaba un influyente genrō en activo, el referido Saionji. Este abrigaba una gran desconfianza hacia el Kenseikai, cuya idea de enviar a China un pliego con 21 exigencias había deteriorado no solo las relaciones con este país, sino también las que mantenía con Gran Bretaña y Estados Unidos. De todos modos, Katō, que calificó la presencia de los buques de guerra japoneses, británicos y norteamericanos en el Pacífico de “símbolo de civilización y paz en la región”, llevó adelante una política exterior conciliatoria de la mano de su ministro de Asuntos Exteriores Shidehara Kijūrō, plenipotenciario de Japón en la Conferencia de Washington, quien acuñó la llamada “diplomacia Shidehara”. En vista de estos hechos, Saionji dio su visto bueno al turnismo entre los partidos políticos y comenzó a abstenerse a intervenir como genrō en los asuntos políticos.

Suele decirse de la “democracia Taishō” que representaba constitucionalismo en casa e imperialismo en el extranjero, pero lo cierto es que, en aquellos años posteriores a la Primera Guerra Mundial, sirvió para democratizar el país y promover la concordia con otros países.  

De esta forma, del seno de la política constitucional nació la política democrática. En 1927 el Kenseikai se reconstituyó como Rikken Minseitō. Junto a su rival, el Seiyūkai, protagonizó una etapa de bipartidismo sobre la premisa del sufragio universal masculino. Los sucesivos gobiernos de partido de esta época de posguerra, sin excepción, trabajaron en pos del desarme internacional. En el caso de la Conferencia Naval de Ginebra de 1927, continuación de la de Washington, el antagonismo británico-norteamericano cerró la puerta al acuerdo, pero la siguiente, celebrada en Londres en 1930, concluyó exitosamente.

Entre ambas citas internacionales, se produjo un sonado debate cuando alguien sostuvo que el pasaje del texto del Pacto Briand-Kellogg (1928) de renuncia a la guerra, suscrito por 15 países, Japón entre ellos, en el que se decía “en nombre del Pueblo” no encajaba con el carácter de un país cuyo eje era el Emperador, Saionji respondió que fue precisamente con ese espíritu que esas voces denostaban con el que se presentó en la Conferencia de Paz de París. El 28 de junio de 1292, Saionji participó en el décimo aniversario de la Conferencia de Paz de Versalles.