El desarrollo en varios niveles del APEC
La marea tuvo su mayor fuerza probablemente entre 1993 y 1995, entre las dos reuniones del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) en Seattle y Osaka respectivamente. Creado como organización gubernamental a raíz de una iniciativa australiana, el APEC se reunió por primera vez en Canberra en noviembre de 1989, que por una curiosa coincidencia fue el mismo mes en que se produjo la caída del Muro de Berlín. El llamamiento a construir una “Comunidad del Océano Pacífico”, realizado por consejeros políticos que sirvieron durante el mandato del primer ministro Ōhira, hizo posible la creación del Consejo de Cooperación Económica del Pacífico (PECC, por sus siglas en inglés), una organización no gubernamental que precedió en varios años a la fundación del APEC.
Aunque probablemente no existe ninguna causa-efecto directa entre la caída del Muro de Berlín en Occidente (Europa y EE.UU.) y la formación del APEC en Oriente (Asia), a partir de entonces este foro fue creciendo progresivamente y celebró una segunda reunión en Singapur, una tercera en Seúl y una cuarta en Bangkok. La reunión de 1993, en Seattle (EE.UU.), fue la quinta. Al principio las reuniones anuales eran actos a nivel ministerial, pero se produjo una reunión informal de jefes de gobierno durante el foro de Seattle, lo cual fue el punto de partida de las cumbres del APEC. Esta iniciativa simboliza el paso de EE.UU. hacia una implementación en toda regla de la diplomacia para la región Asia-Pacífico. Tras este cambio encontramos la relajación de las tensiones de la Guerra Fría y el reconocimiento por parte de EE.UU. de que las cuestiones económicas tenían la misma importancia que las cuestiones de seguridad, o incluso una importancia mayor. La nueva tendencia de dar prioridad a los aspectos económicos fue un elemento decisivo para el desarrollo del APEC.
Un año después de la reunión de Seattle, el APEC presentó en Indonesia la Declaración de Bogor - Declaración de Resolución Conjunta de los Líderes Económicos del APEC para la consecución de comercio e inversiones libres y abiertos. La reunión siguiente, en 1995, se celebraría en Osaka, y la diplomacia japonesa se preparó a consciencia para ese evento. Es posible que este periodo de tres años, en el que el papel de anfitrión pasó de EE.UU. a Japón, pasando por Indonesia, uno de los países más importantes del Sudeste Asiático, quede en los anales de la historia como el momento en que el APEC desarrolló sus actividades con mayor energía. En Seattle empezó a hablarse de “La comunidad Asia-Pacífico: sociedad económica regional” en cooperación en un entorno regional; Bogor quedó marcado por la declaración que allí se hizo; y en Osaka, en donde el gobierno japonés promovió su propuesta denominada “Socios para el Progreso” (PFP, por sus siglas en inglés), y se adoptó la Agenda de Acción de Osaka. Esta agenda se convirtió en un marco estratégico para promover y facilitar el libre comercio y las inversiones, y para mejorar la cooperación económica y tecnológica en la región.

El Anuario Diplomático de 1996 se redactó al final de este periodo de gran actividad del APEC. Esta edición es antológica por su subtítulo, que hablaba de la creación de "marcos multinivel" frente al nacimiento del nuevo orden internacional, donde la diplomacia japonesa buscaba qué dirección tomar. (Por lo general, los anuarios del MOFA no utilizaban subtítulos). Uno de sus apartados, titulado “Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC)” incluía esta afirmación laudatoria: “Este desarrollo de la región Asia-Pacífico tiene un significado histórico, puesto que representa un cambio de las relaciones Norte-Sur, y por su parte el APEC, la cooperación regional entre distintas economías con el objetivo de sostener su desarrollo, puede servir como nuevo modelo de cooperación internacional”. El texto enumera después siete áreas en las que el APEC resulta importante para Japón: (1) facilita un desarrollo a largo plazo de la economía japonesa; (2) fortalece las relaciones de confianza con los socios asiáticos; (3) contribuye a la estabilidad política regional garantizando el crecimiento económico de la región Asia-Pacífico; (4) crea un entorno para la participación activa de EE.UU. en asuntos de la región Asia-Pacífico; (5) ofrece a China una manera de participar sin problemas en estructuras de cooperación internacional; (6) estrecha las relaciones entre Australia y Nueva Zelanda con las economías del Este Asiático; y (7) refuerza las relaciones entre Japón y los países del América Central y del Sur. En consecuencia, el párrafo finalizaba afirmando que “la promoción de la cooperación dentro del APEC es un pilar de la diplomacia japonesa respecto a la región Asia-Pacífico”.((Aunque la parte japonesa se mostró muy orgullosa de los resultados de la reunión de Osaka, no todos los observadores internacionales fueron tan entusiastas al respecto. Algunos incluso tuvieron la impresión de que la pasividad japonesa mostrada en la reunión se convirtió en un factor que frenó el progreso del APEC. Ver “A Three Bloc World? The New East Asian Regionalism” (¿Un mundo de tres bloques? El nuevo regionalismo del Este asiático, John Ravenhill; Tokio: International Relations of the Asia-Pacific, vol. 2, nº 2, 2002.))
El milagro del Este Asiático como fuerza motriz
Aunque los siete puntos merecen un análisis pormenorizado, cabe destacar los puntos (4), que implica a EE.UU. y (5), que implica a China. El modo en que Japón direccionó su diplomacia respecto a la región Asia-Pacífico en años posteriores estuvo muy influido por las relaciones entre estas dos superpotencias y las respectivas acciones en que estuvieron involucradas. Antes de abordar más este tema, sería útil recordar el hecho de que la fuerza motriz que impulsó a los países de toda la región Asia-Pacífico a subirse a los trenes del PECC y el APEC provino más de cuestiones económicas que de ningún otro aspecto. El “milagroso desarrollo” de la economía del Este Asiático desde 1987 hasta 1996 fue el factor principal por el que se movió la diplomacia japonesa respecto a la región Asia-Pacífico durante este periodo. Una prueba más de la fuerza motriz de las cuestiones económicas puede verse en EE.UU., donde la administración del presidente Bill Clinton (1993-2001), que colocó la economía en lo más alto de su agenda, empezó a participar en el regionalismo Asia-Pacífico con un vigor inusual. Los llamamientos de Clinton consiguieron que los jefes de gobierno se reunieran en ocasión de la reunión del APEC en Seattle en 1993 y el resultado de ello fue que las cumbres del APEC se convirtieron en citas anuales.
La economía asiática perdió cierto empuje tras la crisis financiera asiática de 1997, pero siguió con buena salud en su conjunto y proporcionó los cimientos para un posterior progreso hacia el regionalismo Asia-Pacífico. La diplomacia japonesa en la región Asia-Pacífico se llenó de vitalidad al asumir que el desarrollo de su país era uno de los factores que facilitaron la rápida ascensión de la economía asiática. No obstante, al mismo tiempo crecía la irritación estadounidense hacia la poca voluntad de Japón de aceptar la liberalización de los sectores de productos marítimos y de silvicultura, y el desencuentro resultante en las relaciones económicas entre Japón y EE.UU. acabo empañando las perspectivas de progreso. (Esta cuestión, que permaneció sin resolver durante años posteriores, puede comprobarse hoy en la vacilación de Japón sobre su participación en el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica [TPP, también conocido como P4], un tratado de libre comercio multilateral). En un sentido más amplio, la distancia psicológica que separa a Oriente (Asia) de Occidente (Europa y EE.UU.) aparecía claramente de vez en cuando, a pesar de las tenaces gestiones diplomáticas de Japón para servir de puente entre Oriente y Occidente, hecho que ponía de manifiesto las grandes dificultades que encontraban las gestiones para convertir al APEC en una entidad unificada.(*4)
En una entrevista, Nakae Yōsuke, antiguo embajador en China y figura veterana de la diplomacia asiática de Japón, habló sin rodeos sobre las limitaciones de la diplomacia nipona. Según Nakae, en los últimos años de la administración de Satō Eisaku (1964–1972) Japón no tuvo en cuenta las relaciones con China al planificar su acercamiento hacia la Unión Soviética y Vietnam. “La diplomacia japonesa no estaba lo suficientemente avanzada para relacionar estos elementos. No había ni políticos ni diplomáticos que hubiesen desarrollado una postura o una actitud que permitiese afianzar orgánicamente una diplomacia regional o global hasta ese punto”. Sin embargo, Nakae también reconoce que se han conseguido progresos: “Castigado durante mucho tiempo por la guerra, las revoluciones y la pobreza, el Este Asiático se ha convertido en la región con el mayor dinamismo económico del mundo. A raíz de su desarrollo económico y una interdependencia cada vez mayor, el concepto de 'región Asia-Pacífico' ha adquirido un mayor fundamento”. Estas palabras, al ser pronunciadas por un diplomático que puede reclamar para sí parte del mérito del nacimiento de la Doctrina Fukuda, tienen un peso considerable.(*5)
