El trasfondo de la diplomacia hacia China
El tema principal que afecta a la diplomacia japonesa respecto a la región Asia-Pacífico es la relación con China. El mundo no sólo vio caer el Muro de Berlín y el nacimiento del APEC en 1989, sino que fue también testigo de La Masacre de Tiananmen ese mismo año. Mientras en las democracias avanzadas se sucedían las críticas a la forma poco democrática que utilizaban los líderes del Partido Comunista Chino para reprimir por la fueza los derechos humanos, la diplomacia japonesa dudaba que tuviese mucho sentido imponer duras sanciones a China, ya que ello habría empujado a China hacia una situación de aislamiento. Japón optó por hacer todo lo posible para limar asperezas, adoptando una postura a medio camino entre China y Occidente. En cierto modo, China es un nuevo tipo de gran potencia porque ha continuado ignorando la democracia a pesar de sus grandes pasos en cuanto a desarrollo económico desde que adoptó su política de reformas y apertura. En aquel momento, la diplomacia japonesa ya estaba luchando con el espinoso tema de cómo gestionar las relaciones con esa potencia lo mejor posible y las dificultades que ello entrañaba pronto se complicaron, ya que la economía china iba camino de superar a la japonesa y ejercer una mayor influencia sobre los países vecinos. Por su parte, las economías de EE.UU. y otros países industrializados empezaron a estancarse. En este contexto, la diplomacia japonesa respecto a la región Asia-Pacífica sufrió una pérdida de vitalidad.
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. empezó a centrarse en la batalla contra el terrorismo. Lo que sucedía en Irak y Afganistán consumía gran parte de su energía y eso le hizo descuidar los asuntos asiáticos. Inevitablemente, esto hizo más difícil mantener el orden de equilibrios en la región Asia-Pacífico que se iba formando en base a la cooperación entre Japón y EE.UU.. En ese momento, las relaciones entre Japón y China se enfrentaban a un dilema. Aunque su interdependencia económica era cada vez más profunda, las tensiones políticas, que se agravaban por cuestiones como las visitas de primeros ministros japoneses al santuario de Yasukuni, donde se venera a criminales de la Segunda Guerra Mundial, y la explotación de recursos naturales transfronterizos por debajo del mar de China Oriental, no mostraban signos de disminución. No era fácil de ningún modo conseguir un equilibrio entre la sólida cooperación Japón-EE.UU. y una relación Japón-China saludable, lo cual era condición sine qua non para la diplomacia japonesa respecto a la región Asia-Pacífico y también el resultado deseado de esa política.
En esta difícil situación afloraron oportunidades para el denominado “minilateralismo”, mediante el cual dos países o un pequeño grupo de países buscan establecer un libre comercio mutuo. Japón se puso finalmente manos a la obra en este frente y subscribió su primer acuerdo de libre comercio (ALC) bilateral con Singapur en 2002. Por otra parte, la diplomacia japonesa seguía tratando de determinar su posición entre dos ideas de diferentes matices: el regionalismo de la región Asia-Pacífico y el regionalismo del Este Asiático; algunos defendían convenios para la región Asia-Pacífico en su conjunto, como el APEC y el TPP, mientras que otros preferían convenios centrados en el Este Asiático, como la ASEAN+3 (ASEAN más China, Japón y Corea del Sur) y el Foro Regional de la ASEAN (ARF, por sus siglas en inglés). En términos conceptuales, se trataba de una competición entre los que consideraban que la libertad, los derechos humanos y la democracia eran valores universales que todo el mundo debería adoptar y los que los consideraban unos ideales inspirados por Occidente que deberían descartarse o al menos ser tratados con cautela. Durante los últimos diez años, el gobierno japonés no ha defendido una postura inequívoca sobre este tema. En un discurso en Singapur en enero de 2002, el primer ministro Koizumi Jun’ichirō (2001–2006) habló de una comunidad que abarcase más allá de la región asiática para llegar a países como Australia, Nueva Zelanda y EE.UU. como miembros principales. Pero el primer ministro Fukuda Yasuo (2007–2008) no hizo mención a este punto en su discurso relacionado con la diplmacia en la región Asia-Pacífico. Y el primer ministro Hatoyama llegó a avanzar el concepto de una “comunidad del Este Asiático” sin definir su ámbito (aunque parece ser que le interesaba fomentar relaciones más estrechas con China y otras economías asiáticas).
Convergencia económica frente a divergencia política
Algunos analistas afirman que la vacilación del gobierno japonés en este tema es el resultado de factores internos, como la inercia burocrática y un débil liderazgo político. Indudablemente tiene razón hasta cierto punto, pero si lo analizamos a un nivel más básico yo lo atribuiría a la lucha entre la convergencia económica y la divergencia política en el marco Asia-Pacífico, una situación que yo denomino “interdependencia torcida”.(*6)
Hubo una época en que los periodistas solían hablar de las relaciones “económicamente calientes pero políticamente frías” entre Japón y China. En la actualidad la situación se ha agravado todavía más por la extraordinaria energía que China ha destinado a su poder militar (especialmente su poder naval) paralela a su cada vez mayor poder económico. Las relaciones globales entre China y los demás países de la región Asia-Pacífico, incluyendo a EE.UU., se han complicado enormemente, y la inquietud se ha hecho cada vez más patente en las relaciones de seguridad a medida que las relaciones económicas se intensificaban. Como puede verse en los lazos entre Japón y los países occidentales, la gestión de la interdependencia económica no es nada sencilla aunque las partes implicadas puedan compartir ideales políticos. Forjar relaciones que acomoden lo que podría denominarse una verdadera comunidad es una propuesta mucho más difícil cuando existen diferencias de ideales políticos e inquietudes sobre la seguridad, como en el caso de Japón y EE.UU. por un lado y China por otro. En este contexto, haríamos bien en recordar las palabras del difunto Kōsaka Masataka, experto en política internacional: “Los lazos formados por intereses económicos comunes son sorprendentemente frágiles. Por este motivo, las comunidades que se basan en intereses económicos deben convertirse en lugares que compartan también cultura, sistemas políticos y otros aspectos. El requisito principal para que se forme una comunidad de estas características es la toma de conciencia sobre aspectos de seguridad comunes”.(*7)
Con la creación de la estructura del APEC tras el fin de la Guerra Fría, la diplomacia de Japón respecto a la región Asia-Pacífico se convirtió en algo más que un simple paquete de relaciones bilaterales. La asociación Japón-EE.UU. adquirió también un nuevo significado como eje sobre el que podía fomentarse una diplomacia regional multilateral. Al mismo tiempo, surgió la necesidad de responder al creciente interés, más allá del campo económico, por las relaciones políticas y los asuntos de seguridad. A pesar de la torpeza mostrada por Japón al “afianzar orgánicamente una diplomacia regional o global”, defecto que ya identificó Nakae, me parece que la diplomacia japonesa lo ha hecho bastante bien. Durante los próximos años del siglo XXI su capacidad se pondrá a prueba.
(Originalmente escrito en japonés y traducido al español de su versión inglesa)
(*1) ^ Para obtener un análisis de la perspectiva histórica a largo plazo ver mi artículo “Taigai ishiki ni okeru ‘senzen’ to ‘sengo’” (Las nociones de los periodos de “preguerra” y “posguerra” en las percepciones japonesas del mundo), editado por Satō Seizaburō y otros, además de “Kindai Nihon no taigai taido” (Actitudes hacia el mundo en el Japón moderno; Tokio: University of Tokyo Press, 1974). Para obtener un análisis de los discursos en la Dieta Nacional de primeros ministros utilizando las técnicas más modernas ver “investigating macroscopic transitions in Japanese foreign policy using quantitative text analysis” (Investigación de las transiciones macroscópicas en la polí-tica exterior japonesa mediante análisis de textos cuantitativos), Suzuki Takafumi; In-ternational Relations of the Asia-Pacific, vol. 11, nº 3, 2011.
(*2) ^ Para mayor información, consultar “Ajia Taiheiyō rentai kōsō” (25 años de la Iniciativa Ōhira de cooperación en la región Asia-Pacífico: historia y perspectivas, Watanabe Akio; Tokio: NTT Publishing, 2005), así como “Ajia Taiheiyō to atarashii chiiki shugi no tenkai” (La región Asia-Pacífico y el auge de un nuevo regionalismo, Watanabe Akio; Tokio: Chikura Shobō, 2010).
(*3) ^ International Relations Theory and the Asia-Pacific (Teoría de las relaciones internacionales y la región Asia-Pacífico, G. John Ikenberry y Michael Mastanduno; New York: Columbia University Press, 2003).
(*4) ^ La creación de puentes entre Oriente y Occidente ha sido un tema recurrente en la política exterior japonesa durante años. Cuando Japón ingresó en las Naciones Unidas, el ministro de Relaciones Exteriores Shigemitsu Mamoru habló del papel de Japón como puente. El Primer Ministro Hatoyama Yukio (2009–10) lo citó en un discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2009.
(*5) ^ “Ajia gaikō: Dō to sei” (Política exterior asiática: dinámica y estática, Nakae Yōsuke; Tokio: Sōtensha, 2010).
(*6) ^ En la actualidad parece que soy la única persona que utiliza la expresión en este sentido. Para obtener un análisis de la lenta respuesta diplomática de Japón a los drásticos cambios de la situación internacional desde la Guerra Fría, ver “Institutionalized Inertia: Japanese Foreign Policy in the Post-Cold War” (Inercia institucionalizada: la política exterior japonesa en el mundo posterior a la Guerra Fría, William W. Grimes; Ikenberry y Mastanduno, ob. cit.).
(*7) ^ “Keizai anzen hoshō no igi to kadai” (Significado y tareas de la seguridad económica), Kōsaka Masataka, publicado en Kokusai Mondai, abril de 1978.
