El hijo mayor de una familia se suicida tras pasar mucho tiempo recluido en su casa. ¿Cómo se enfrentará su familia a este hecho? Suzukike no uso es una película con un tema bastante oscuro, pero lo trata con buenas dosis de humor. Hablamos con su director, Nojiri Katsumi, sobre sus impresiones respecto al mundo del cine.
Quizá en este mundo haya muchas personas que aspiren a convertirse en directores de cine, pero solo un puñado de ellos alcanzan ese sueño. Al oír hablar de un director que debuta con Suzukike no uso (Las mentiras de la familia Suzuki), cinta para la que recluta el talento de actores de la talla de Kishibe Ittoku, Hara Hideko, Kase Ryō, u Ōmori Nao, uno no puede dejar de sorprenderse. Y al ver la película no puede dejar de comprender. El reparto de lujo se ha reunido atraído por un guion estupendo, algo que también sorprende. Que un director pueda lograr este nivel de perfección en su primera película…
El largo camino hasta el debut como director, a los 44 años
Le preguntamos al director Nojiri sobre el camino hasta llegar a su debut como director. Al parecer, hasta que entró en el instituto era un chico normal, al que le gustaba el cine y las series de televisión como a cualquier otro. Sin embargo el instituto en el que entró era un poco especial, y todas las clases de los tres cursos tenían que participar en una obra de teatro como parte del currículo escolar. En tercer curso, por primera vez, tuvo que escribir un guion, encargarse de la dirección, y así pudo conocer la alegría de crear un espectáculo con un equipo, por lo que al entrar en la universidad eligió estudiar Artes Audiovisuales. Se lanzó a participar en producciones independientes, y comenzó a pensar en el cine como una vía laboral.
“No sabía nada sobre el mundo del cine; creía que si trabajaba como ayudante de dirección ya podría ser director. Anoté los nombres de las productoras de cine que aparecían en los créditos finales de las películas, busqué sus números de teléfono y empecé a llamar, a ver si no tenían trabajo como ayudante de dirección”.
Siguiendo el sistema laboral de las productoras, al principio empecé encargándome de las comidas o el transporte en autobús. Después de cerca de un año el departamento de producción dijo que no tenían ayudante para una película y me ofrecí.
“Me preguntaron si quería hacer una película de V-cinema (películas destinadas directamente a las pantallas de los hogares, sin pasar por los cines) sobre majan (mahjong). En aquella época había muchas cintas sobre el majan o el pachinko. Yo ni siquiera había jugado nunca a ese juego, pero dije que haría cualquier cosa que me pidieran”.
Entre finales de los noventa y la década de 2000 el cine japonés pasaba por una mala racha. Hoy día se producen más de 600 cintas al año, pero en ese momento apenas llegaban a las 200. Lo que sí gozaba de gran popularidad era el V-cinema, producciones de bajo presupuesto para su distribución en vídeo. Tras dos años como ayudante de dirección de V-cinema, Nojiri se convirtió en director.
“Por supuesto nunca perdí el deseo de rodar mis propias películas en cine, y no solo en vídeo, así que en mi tiempo libre me dedicaba a escribir guiones. Muchos productores me repetían la idea de que no se puede ser director sin un guion, así que presté oídos a sus consejos y empecé a escribir”.
Nojiri también pudo colaborar como ayudante de dirección en largometrajes destinados a las salas de cine, pero pese a que otros jóvenes cineastas de su edad debutaban uno tras otro en ese medio, a él parecían no llegarle las ofertas.
“Entregué mis guiones a muchas personas para que los leyeran, pero me decían que mis temas eran demasiado vagos, poco sólidos. Quizá estaba acostumbrado al V-cinema, en el que las productoras no eran tan exigentes con el material. Si una historia tenía algo de interés era muy fácil que se produjera. Para las obras destinadas a los cines hace falta mucho presupuesto, y los productores son estrictos. Si no se ve enseguida el alma de la película no se llega a realizar. Yo, por supuesto, trataba de imprimirles ese espíritu a mis guiones. Para mí el cine es entretenimiento, y mi objetivo era que un cien por cien de los posibles espectadores encontraran interesante la historia. Pero si uno se obsesiona con ese tipo de idea también puede perder el alma de la película. Pensándolo con la perspectiva que da el tiempo, quizá el problema fuera que no se notaban mis agallas a la hora de rodar”.



