El lavado de cara del barrio de Kabuki-chō
En realidad, el trabajo callejero de estos captadores de chicas está estrictamente prohibido por ordenanzas municipales y otras disposiciones. El punto de inflexión se dio en el primer decenio del siglo. El equipo de gobierno del entonces gobernador de Tokio Ishihara Shintarō llevó a cabo una gran operación de limpieza que cambió el rostro del barrio de Kabuki-chō. Se instalaron cámaras de seguridad por las calles, se cerraron locales nocturnos prohibidos, se expulsó a la yakuza y se les apretaron los tornillos también a los reclutadores.
En abril de 2005 se realizó en Tokio una amplia reforma del articulado de dos ordenanzas: la de Prevención de Actividades Molestas, destinada a dejar las calles de Kabuki-chō libres de los kyakuhiki (personas que abordan y convencen a los viandantes para que entren en este tipo de locales), y la de Prevención de Cobros Abusivos. Todas las actividades de los kyakuhiki y de los reclutadores quedaron proscritas, prohibiéndose incluso que formaran grupos en las calles, y esto empujó a algunos establecimientos a la clandestinidad.
Por otra parte, las actividades más evidentes de los bōryokudan (literalmente, “grupos violentos” de la yakuza) que se enseñoreaban de las calles quedaron también bloqueadas, pues además de las repetidas reformas de la ley contra dichos grupos y de las ordenanzas tendentes a su eliminación, se potenciaron también las acciones que se estaban tomando para acabar con la práctica del mikajime-ryō (cuotas de “protección”), una forma de extorsión sobre los locales nocturnos que era la principal fuente de ingresos de estas organizaciones. También se aumentó la presión sobre las mafias extranjeras y muchos clubs nocturnos regentados por chinos y coreanos se vieron obligados a cerrar sus puertas.
El hueco dejado en este tipo de actividades relativamente visibles por la yakuza y las mafias extranjeras ha sido ocupado por los hangure (bandas de maleantes que delinquen sin someterse a la autoridad de ningún bōryokudan).
El boom de reclutadores llena el sector de gente rara
El modus vivendi de los reclutadores dio un gran giro durante el primer decenio del siglo. “Justo cuando entraban en vigor las ordenanzas, la población de reclutadores se multiplicó debido en parte al gran influjo logrado por ciertas historias de manga”, comenta uno de los responsables de una agencia de captación. Se refiere a Shinjuku Swan: Kabuki-chō sukauto sabaibaru (El cisne de Shinjuku: Guía de supervivencia de los reclutadores de Kabuki-chō), una historia publicada por entregas a partir de 2005 en una popular revista de manga juvenil y llevada al cine en 2015.
“Con la proliferación de agencias de reclutadores, el ambiente en el sector cambió por completo”, continúa la misma fuente. “Aunque hay que decir que gran parte de ellos eran hanpamono (gente sin la necesaria determinación o compromiso) que llegaban al negocio atraídos por la imagen de dandismo y vistosa indumentaria de los reclutadores, y deseaba ante todo trabajar en contacto con las chicas. Últimamente, para eludir la prohibición, simulan dirigirse a las chicas con la intención de ligar con ellas, y han virado hacia trajes de diario, mucho menos llamativos. Pero, como ocurre entre los yakuza y también entre los hosuto (host, jóvenes que atienden a mujeres en clubes), en este mundo no llega a sobrevivir ni siquiera uno de cada diez, así que el relevo es muy rápido. Aquí se congrega gente muy extravagante, personas nerviosas y enfadadizas, que cargan con conflictos personales y que tarde o temprano provocan problemas”.
A la gente del sector le preocupa cada vez más esta problemática fauna. “Es una tendencia generalizada en todos los negocios nocturnos. Hay muchos aficionados al hachís y a otras hierbas o sustancias al borde de la legalidad. Incluso en circunstancias normales, les dan berrinches y pueden llegar a agredir a las chicas del negocio, es gente muy loca de cuyo paradero nada se sabe una vez son expulsados de esta actividad”, refiere una fuente relacionada con locales de prostitución de Kabuki-chō.
Proxenetas “amos de casa”
Se trata, pues, de un sector en el que personajes peligrosos campan por sus respetos y en el que, además, el margen de beneficio no es el que fue en otros tiempos. Para sobrevivir en este ambiente, como decía más arriba, una habilidad necesaria es la de saber crear una “relación amorosa” con las chicas y utilizarla hábilmente para controlarlas. Evitar que la chica pase a otras manos insinuando que tal relación existe es un método considerado poco ortodoxo y un tabú en el sector. Sin embargo, la realidad es que, como dice un miembro de un bōryokudan que opera en Kakubi-chō, últimamente hasta se promueve.
“Con la proliferación de agencias”, continúa, “ahora que en internet se puede contactar con reclutadores tan fácilmente, las chicas cambian muy a menudo de local y son muchos los jefes de estas agencias que animan a sus reclutadores a sujetar a las chicas prendándolas. Lo que ocurre es que a veces hay un enamoramiento mutuo y esta excesiva intimidad deriva fácilmente en complicaciones”.
De esta forma, muchos de estos reclutadores se convierten en proxenetas que viven a costa de las chicas y continúan su labor dependiendo de ellas para casi todo. Lo que ocurre es que “como hoy en día ya no hay chicas dispuestas a venderse por un hombre, al final estos acaban encargándose de limpiar el apartamento, lavar la ropa, llevar a la chica a su trabajo y traerla de vuelta, pasear al perro, etc, es decir, que son verdaderos ‘amos de casa’”, explica un responsable de una agencia.
“La cosa no queda ahí, porque tienen que sustituir también a las chicas respondiendo a los clientes por LINE o enviando mails de promoción, y hasta colocan fotos bonitas en Instagram de cosas que muestran cómo es su desayuno habitual, haciendo parecer que son ellas las que las han colocado. Últimamente la vida de los chulos de estas chicas está tomando formas insospechadas”.
El barrio de Kabuki-chō, que surgió de la reordenación urbana de Tokio hecha una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y se levantó de las cenizas de la guerra, ha venido adaptándose a cada época y ofreciendo siempre sexo y diversión, hasta convertirse en el barrio del placer más famoso del país, posición que mantiene hasta la fecha. Su historia es también la historia de una fiera competencia dentro de un ecosistema que ha sabido adaptarse a las sucesivas regulaciones aplicadas por las autoridades.
Reportaje y texto: Redacción de Power News

