El problema subyacente: la discriminación

Entre las cosas que deben ser abordadas con la máxima seriedad por el Gobierno en relación con esta “comprensión de la ciudadanía” está el problema de la discriminación contra el pueblo ainu, una cuestión que apenas si se menciona una vez en la nueva ley. Hace muy poco oíamos decir a un miembro de la Dieta que en la Asociación Ainu no hay más de un 20 % de personas que tengan sangre de ese pueblo. ¿Querrá decir este parlamentario algo así como que ya solo hay un reducidísimo número de ainus si es que todavía queda alguno?

Y si seguimos mediante Internet las reacciones despertadas por el proyecto de ley, encontramos opiniones contrarias al mismo no porque el contenido de la ley sea insuficiente, sino por la retorcida idea de que, reforzando las prebendas otorgadas a los ainu, la nueva ley tiene por objeto dividir a la sociedad.

Estas actitudes coinciden en lo fundamental con el discurso del odio de los últimos tiempos que pretende negar la propia existencia del pueblo ainu. Pese a que el discurso del odio no solo se dirige contra los ainu y está teniendo graves efectos también en otras minorías, el Gobierno de Japón es criticado a menudo por no estar a la altura de las exigencias internacionales ni en su tratamiento de los pueblos indígenas ni en la garantía de los derechos humanos en general. Son retos de los que no puede evadirse si, además de obtener la “comprensión de la ciudadanía” desea granjearse también la “comprensión internacional”.

Muy en relación con los derechos humanos está el tratamiento dado a los restos humanos robados en el pasado de enterramientos ainus, que pasaron a engrosar las colecciones de universidades, museos y otras instituciones. Solo en la Universidad de Hokkaidō se guardan huesos de más de mil personas de esa etnia, que en muchos casos han sido extraídos de los enterramientos y trasladados en contra de la voluntad de los ainu. Ahora se planea reunir todos estos huesos en el “espacio simbólico” de Shiraoi. Aunque se han interpuesto demandas ante los tribunales para conseguir que estos restos sean devueltos a sus lugares de origen, solo una pequeña parte de los mismos lo han sido y el plan de concentrar el resto en Shiraoi se justifica por la supuesta ausencia de receptores. La forma en que estos huesos fueron extraídos de sus enterramientos por los investigadores justificaría ya de por sí que sean devueltos a sus lugares de origen, pese a lo cual serán llevados a Shiraoi para ser objeto de nuevos estudios, según se desprende de declaraciones realizadas por estudiosos vinculados al plan. Además, continúa sin abordarse el problema de las otras muestras de cuerpos humanos (sangre, etc) que fueron reunidas de similar forma para fines de insvestigación.

La “convivencia” y el papel de los medios

¿Hasta qué punto está comprometido el Gobierno con ese objetivo de conseguir una “sociedad en la que el orgullo de los ainu sea respetado”? Aunque últimamente en nuestra sociedad se habla mucho sobre la “convivencia intercultural” con el pueblo ainu o con personas de nacionalidad extranjera, creo que lo que se está dando en realidad es una forma de “convivencia” impuesta por el Gobierno. Lo que quiero decir con esto es que es una convivencia puramente superficial y centrada en la promoción turística, vacíada de contenidos, pues no comporta garantizar derechos ni presentar disculpas. Además, la construcción de la instalación de Shiraoi se planificó originalmente para hacerla coincidir con los Juegos Olímpicos de Tokio y se teme que haya sido utilizada para conseguir algo de popularidad en un momento en que el Gobierno acumulaba una serie de fracasos, en asuntos como las bases militares norteamericanas de Okinawa o en relación con la manipulación de ciertos datos estadísticos en la Administración central.

Al parecer, tanto entre los ainu como entre la clase política hay quien piensa que la nueva ley es al menos un primer paso, pero no podemos permitirnos ver el tema con optimismo. Por supuesto, no se me oculta que hay ainus que se posicionan en contra y otros que lo hacen a favor, e incluso dentro de la Asociación Ainu de Hokkaidō la nueva ley ha despertado expectativas. Sin embargo, para poder esperar algo del Gobierno la condición es ser capaces primero de obrar algún efecto o influjo sobre él, algo que está muy lejos de nuestra situación actual. El periódico Hokkaidō Shimbun, que ha tratado el tema de forma más pormenorizada, comentaba en tono positivo en su editorial del 16 de febrero de 2019 que es “muy significativo que por primera vez se haya definido a los ainu como pueblo indígena”, pero, como he dicho más arriba, eso es sobrevalorar el gesto.

No obstante, los principales medios de comunicación nacionales y extranjeros están tratando el tema y esto nos ofrece una oportunidad de profundizar en él que deberíamos saber aprovechar. Siendo tan poco promisorias las perspectivas de que el Gobierno promueva la “comprensión de la ciudadanía”, no cabe despreciar el papel de los medios. Si queremos conseguir unas políticas que estén al nivel de las exigencias internacionales, debemos exigir una visión informativa crítica hacia la actuación del Gobierno, con continuidad y profundidad de enfoque.

Fotografía del encabezado: personas de etnia ainu expresan su oposición a la Nueva Ley de los Ainu en el Club de la Prensa Extranjera de Japón. (Fotografía: Tsunoda Yoshio / Aflo)

(*1) ^ Dojin (literalmente “gente de la tierra”, con la connotación de “indígena atrasado o incivilizado”) es considerado hoy en día un término incorrecto y aquí se utiliza solamente a fin de reproducir textualmente el nombre de la ley, que estuvo vigente hasta 1997.