Los caballos han sido durante mucho tiempo animales dedicados a los dioses, e incluso hoy día se pueden ver realizando ciertos servicios en los santuarios. Para conmemorar el Año del Caballo en el zodíaco chino de 2026, presentamos santuarios con profundas conexiones con los caballos.
La bestia sagrada que lleva nuestras plegarias a los dioses
Se cree que los caballos aparecieron por primera vez en la historia de Japón alrededor del siglo V; llegaron desde el continente a Kyūshū, a través de la península coreana. En un principio se utilizaron con fines militares, pero su número era reducido, lo que hacía poco viable su despliegue en el campo de batalla. Como lo demuestran los entierros de arreos y figuras haniwa con forma de caballo encontrados en varios túmulos, se fueron convirtiendo en símbolos de poder y riqueza, y finalmente se incorporaron al panteón japonés.
En el Shoku Nihongi, obra compilada en 797, se menciona que los caballos eran considerados animales sagrados ofrecidos a los dioses. En el periodo Heian (794-1185 d. de C.), el ritual de dedicar caballos a los dioses había evolucionado hasta convertirse en una ceremonia estatal en la que se rezaba por la paz y la estabilidad de la nación entera, así como para pedir lluvia o el cese de esta.
También tenían su espacio dedicado en los santuarios, en su calidad de shinme (“corceles divinos”): monturas o mensajeros de los dioses. Poco a poco estos fueron sustituidos por pinturas o estatuas de madera, y evolucionando hacia la costumbre de los creyentes de confiar sus deseos a tablillas votivas denominadas ema. Incluso hoy día los caballos sagrados siguen utilizándose, en cierta medida. En el santuario Kamigamo, en la ciudad de Kioto, aparecen durante los festivales, mientras que en el Gran Santuario de Ise, en la prefectura de Mie, los caballos dedicados a la Casa Imperial sirven ante la presencia divina. Muchos santuarios también cuentan con estatuas talladas de caballos.
Por todo el país se pueden encontrar santuarios profundamente relacionados con los caballos. Estos animales pasaron a ser indispensables no solo en la guerra y las artes marciales, sino también en la agricultura y el transporte. Por ello son venerados no solo porque conceden la victoria, el éxito profesional y la fortuna económica, sino también porque garantizan un viaje seguro y un camino despejado. Al visitar un lugar dedicado a ellos, debemos escribir nuestros deseos en una ema para forjar un vínculo favorable con la deidad.
Santuario Fujimori (ciudad y prefectura de Kioto): el dios de los caballos ganadores
A unos dos kilómetros al sur de Fushimi Inari Taisha, famoso por sus mil pórticos torii, se encuentra el santuario Fujinomori, de historia aún más larga. Se dice que fue fundado en el año 203 d. de C. por la emperatriz Jingū, famosa por sus expediciones militares. El emperador Kanmu, que trasladó la capital a Heian-kyō (la actual Kioto), lo designó como deidad guardiana del sur, lo que refleja su profunda conexión con la Casa Imperial.
Se dice que la procesión de guerreros que se celebra durante el Festival Fujimori el 5 de mayo es el origen de las muñecas de mayo que se exhiben durante Tango no Sekku, el “festival de los niños”. Ese día se reza en este santuario, desde hace ya mucho, para obtener una fortuna marcial duradera, ya que los cálamos aromáticos que se utilizan en los hogares para ahuyentar a los espíritus malignos se asocian con el respeto por las artes marciales y la victoria en la batalla.
Tsuji Ken’ichi, gon-negi (ayudante del sacerdote) del santuario, nos habla de los orígenes del festival: “Los orígenes de la deidad como dios de la victoria en las competiciones se remontan al periodo Nara (710-794), cuando concedió la victoria en la batalla al príncipe Sawara (hermano menor del emperador Kanmu). En el Festival Fujimori, el ritual Kakeuma se lleva celebrando desde el periodo Heian, recreando las ceremonias de partida a la batalla de aquella época”. A partir de este ritual, que muestra la gran destreza de los caballos, se añadió también la virtud divina de la deidad de mejorar la habilidad hípica.
Su renombre en el mundo de las carreras de caballos es inmenso; en el hipódromo de Kioto, situado en el mismo distrito de Fushimi, se celebra desde 1982 la carrera Fujimori Stakes. Cuando el propietario de Tamamo Cross, ganador de esa carrera en 1987, visitó el santuario para dar las gracias, sus caballos ganaron las ediciones de primavera y otoño de la G1 Tennō Shō, la copa del emperador, el año siguiente. Esta anécdota se difundió, consolidando la reputación del lugar como “santuario de los caballos ganadores”. Durante el Festival Shinshin de noviembre, una celebración para los profesionales de la hípica, los aficionados a las carreras también acuden en masa para ver cómo caballos y jinetes presentan sus respetos.
Las tablillas votivas dedicadas en este santuario están llenas de deseos de “montar el caballo de la victoria”: desde oraciones por la salud de los caballos preferidos hasta otras para ganar apuestas, aprobar exámenes y todo tipo de loterías. El recinto del santuario también cuenta con una sala del tesoro que exhibe juguetes tradicionales relacionados con los caballos de todo Japón; es una visita obligada.
Santuario Kamo (ciudad de Ōmihachiman, prefectura de Shiga): dedicado a los caballos desde la antigüedad
Se dice que el santuario Kamo, situado en el centro de la prefectura de Shiga, fue fundado en el año 736 por Kibi no Makibi, siguiendo un decreto imperial del emperador Shōmu, como santuario para evitar la entrada de los demonios en nuestro mundo durante un período de sucesivas catástrofes naturales y epidemias. Se cree que el lugar elegido para el santuario, considerado el centro de la nación, abundante en energía espiritual, es el mikari-no, lugar de pastoreo del Estado, más antiguo de Japón, establecido por el emperador Tenji en el siglo VII para la cría de caballos militares. El santuario es, pues, venerado como lugar sagrado para los caballos, y como hogar de la deidad protectora de los mismos.
Aquí se celebran numerosos rituales y ceremonias relacionados con los caballos, que atraen a los amantes de la equitación durante todo el año para ofrecer sus plegarias. Durante el Gran Festival de Kamo, el 6 de mayo, se celebra la carrera de caballos ashifuse soume, en la que siete caballos ponen a prueba su velocidad. Esta antigua carrera, con una tradición de más de 1.350 años, tiene su origen en los eventos de la corte imperial, al igual que la carrera de caballos de Kamo en el santuario de Kamigamo.
Dentro del recinto se encuentran los restos de un lugar ritual del periodo Jōmon (14000-300 a. de C.) y un árbol sagrado que, según se dice, aporta armonía a la vida, lo que lo convierte en un lugar muy popular. Aquí se alzaban un árbol sagrado milenario y una de las estatuas de caballos divinos más grandes de Japón, pero fueron derribados por un tifón; se planea restaurarlos en el futuro. Cerca de allí, en el rancho Nihon no Uma: Mikarino-no-mori Bokujō, los visitantes pueden interactuar con la rara raza autóctona de caballos kisouma, e incluso montarlos hasta el santuario, lo que lo convierte en un lugar irresistible para los amantes de estos animales.
Santuario Kachiuma (ciudad de Inashiki, prefectura de Ibaraki): velando por los caballos desde el periodo Heian
El santuario Kachiuma, en Ibaraki, tiene sus orígenes en el periodo Heian, cuando era un lugar dedicado a los establos en los que se cuidaba a los caballos de la yeguada imperial, en lo que hoy es el pueblo de Miho. Más tarde se trasladó a los terrenos del vecino santuario Ōsugi. Por una curiosa casualidad del destino, en 1978 se construyó el Centro de Entrenamiento Miho, una instalación para entrenar caballos de carreras, en el emplazamiento original del santuario. Por ello, las personas relacionadas con las carreras de caballos rezan en él constantemente por la seguridad de los animales y por la victoria en las carreras.
Junto al santuario se encuentra un árbol sagrado cuyas ramas se asemejan a la cabeza de un caballo; colgadas de ellas hay varias ema adornadas con herraduras. El visitante no debe olvidar presentar sus respetos a la deidad del gran cedro (ōsugi), famosa por alejar la mala suerte y conceder deseos.
Santuario Komatsunagi (distrito de Setagaya, Tokio): leyendas ecuestres
El santuario Komatsunagi, situado en Shimouma, en el distrito de Setagaya, debe su nombre a una anécdota relacionada con Minamoto no Yoritomo, fundador del shogunato de Kamakura. En 1189, mientras se dirigía a someter las provincias del norte, se detuvo aquí y ató su querido caballo a un pino dentro del recinto del santuario para rezar por la victoria en la batalla. Sus oraciones se vieron respondidas.
Además, el origen del nombre del lugar, Shimouma, también proviene de una leyenda sobre Yoritomo. Al cruzar a caballo el arroyo frente al santuario, su montura cayó en un pozo profundo y pereció. Desde entonces, los viajeros que cruzaban el arroyo desmontaban y llevaban sus caballos a mano, lo que llevó a que la zona se llamara “el pueblo de Shimouma Hikisawa” (uma wo hiki: “tirar del caballo”).
Dentro del recinto del santuario existen varios árboles famosos, y también se pueden adquirir amuletos con motivos ecuestres, lo que invita a los visitantes a rendir homenaje mientras reflexionan sobre la leyenda.
Santuario Arakawa Komagata (ciudad de Tōno, prefectura de Iwate): la deidad protectora de la aldea de los caballos
En la región de Tōhoku, donde las creencias populares relacionadas con los caballos siguen estando muy arraigadas, es especialmente famosa la deidad conocida como Oshirasama, una imagen divina con cabeza de caballo venerada para garantizar la seguridad del hogar. Su origen se remonta a una leyenda sobre una chica que amaba a los caballos, recogida en Tōno monogatari (Cuentos de Tōno), de Yanagita Kunio.
En la meseta de Arakawa, en Tōno, famosa desde hace mucho tiempo por el pastoreo, se halla el santuario Arakawa Komagata, consagrado a la deidad protectora de la cría de caballos. Durante el festival anual que se celebra en mayo, acuden representantes de la industria ganadera y se lleva a cabo una procesión de caballos sagrados. Cuenta la leyenda que un monje, tras ver a la deidad de la montaña montada en un caballo blanco, representó su forma y la consagró como objeto divino. En el recinto, rodeado de árboles, se alinean pórticos torii desgastados por el paso del tiempo, los cuales crean una atmósfera mística que parece sacada del mundo de los cuentos populares.
Dirección e imágenes: Shibuya Nobuhiro
Texto e imágenes (fotografías no acreditadas): redacción de nippon.com
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: estatua del caballo sagrado del santuario Fujimori, junto a sellos con motivos ecuestres.)
















