En la azotea, hay un jardín donde se cultivan verduras y flores, y hay paneles solares. La energía que generan sirve para bombear el agua del estanque y hacer que ésta circule. Venden la energía sobrante.
Vista del hogar de los Satō desde la terraza, situada en el norte. En el sur también hay una gran ventana. El viento corre a través de la cocina. Esto, junto con el jardín, crea una sensación de unidad de un gusto moderno a la vez que japonés.
El árbol de glicina que plantaron en el primer piso al instalarse en el edificio ha crecido frondosamente hasta el tercero, y ahora sirve como cortina verde.
Las flores que crecen en la hierba de la terraza sirven para adornar la mesa del comedor.
Los días que hace buen tiempo, desayunan y cenan en su terraza, una gran dicha.