Reportaje de la operación de cadera de mi esposa
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La cabeza del fémur, bien encajada en el acetábulo, se mueve libremente. Este baile de dos piezas da lugar al movimiento de la cadera.
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Implante de la marca estadounidense Stryker. Tiene un peso de 250 gramos. La articulación de la cadera natural pesa unos 150 gramos, por lo que el peso corporal aumenta 100 gramos después de la operación.
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La densitometría ósea es una de las pruebas previas a la cirugía. A partir de la menopausia, la densidad de los huesos de las mujeres cae en picado a causa de la disminución de las hormonas femeninas y tiende a aparecer osteoporosis.
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En la reunión se debaten las directrices quirúrgicas consultando los datos de las pruebas médicas de cada paciente.
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Con la ayuda de un lápiz de color azul, uno rojo, una regla y un transportador, el médico va moviendo las manos sobre el papel y se va haciendo una idea del proceso de la operación.
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El personal médico explica detalladamente cómo van a introducir el implante de cadera asegurándose de que el paciente lo entienda.
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El doctor Matsubara admite sin tapujos que la ilusión de llevar esa ropa de cirujano que parece un traje de astronauta fue uno de los motivos por los que se decantó por la cirugía ortopédica.
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El sistema Mako funcionando durante la operación. Cuando el doctor Matsubara (izquierda de la fotografía) pone en marcha la lima, el extremo frontal empieza a girar y va raspando el hueso. La parte que debe limarse aparece marcada en verde en el monitor de la derecha. Si el limado es correcto, la imagen se pone blanca. Si se lima demasiado, se pone roja. Si el error excede los 2 milímetros, la lima se detiene automáticamente.
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El doctor introduce el implante con un martillo y un cincel. Golpea el cartílago artificial hasta que hace un clic y queda encajado en la ranura. A pesar de los increíbles avances que han experimentado los dispositivos electrónicos, en última instancia, los médicos siguen guiándose por el tacto y el sonido.
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La cabeza del fémur extraída durante la operación. Debería presentar un color blanco perla, pero va amarilleando a medida que se deteriora. A mi esposa se le había desgastado tanto el cartílago que ya salía el hueso por debajo. “Debía de dolerle al andar porque el hueso tiene nervios”, apunta el doctor Matsubara.
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El doctor observa la radiografía para cerciorarse de que el implante esté bien encajado y da por finalizada la intervención, que ha durado una hora y diecisiete minutos.
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Mi esposa empieza a mover su nueva cadera bajo la supervisión del fisioterapeuta Matsue Yōhei, que asegura: “Después de la operación, lo importante no es reposar, sino esforzarse en moverse”.
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Antes de dar el alta al paciente, se le ofrece una rehabilitación adaptada a sus circunstancias de vida (entorno cotidiano, aficiones, etc.) en la que practica movimientos como subir y bajar escaleras. Mi esposa solo tardó ocho días en tener el alta. Aunque la recuperación iba a ser larga, salió sonriente y con ganas de hacer muchas cosas e ir a muchos lugares.
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Los huesos humanos se van reduciendo a medida que pasan los años y al final solo quedan 206. A primera vista, todos se parecen, pero no hay ninguno igual que otro.
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