La identidad de Amami, en comunión con la naturaleza, en imágenes
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El centro de la ciudad de Naze (actualmente Amami), poco después de su reincorporación a Japón. Por las calles sin asfaltar circulaban autobuses con capó y caballos.
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El actual barrio de Naze. Se han realizado obras de relleno en el puerto, de aguas poco profundas, para permitir el atraque de buques de gran tamaño. Las calles comerciales, como Amami Hondōri (abajo a la izquierda, la antigua calle Tenmonkan), desprenden un cierto aire retro.
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El Shikyo-ma, un ritual relacionado con el cultivo del arroz que se celebraba antiguamente en la localidad de Uken, en la isla de Amami-Ōshima. En el seno del hogar se ofrecían las primeras espigas ante el altar y se probaban unos pocos granos de arroz.
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En el distrito de Akina, en la localidad de Tatsugō, donde aún se conservan unas de las pocas zonas de cultivo de arroz que quedan en la isla de Amami-Ōshima, se celebra desde hace siglos el Festival de Akina Arasetsu en el octavo mes del calendario lunar para pedir una buena cosecha. Una de sus tradiciones más emblemáticas es el Shochogama, ritual en el que, al amanecer, los hombres derriban pisoteando los tejados de paja.
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En la ceremonia vespertina Hirase Mankai, las noro (sacerdotisas), vestidas de blanco, invocan a los dioses, al otro lado del mar.
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Se cree que el origen de la festividad de Arasetsu de Akina se remonta a antes del siglo XVII, cuando el dominio del clan Satsuma aún no se había establecido, y que surgió de la fusión entre la creencia en los dioses de los campos de arroz, procedentes de las islas principales de Japón, y la fe en Nirai-Kanai, de las islas Ryūkyū.
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El arte escénico tradicional de la isla de Kakeroma: el shodon shibaya.
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La isla de Kikai hace 70 años. Todavía no había automóviles, solo caballos.
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La isla de Kikai en la actualidad. Las carreteras asfaltadas se extienden entre los cuidados campos de caña de azúcar. La producción de sésamo blanco, fomentada tras la guerra, llegó a representar el 40 % del mercado nacional.
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El Hamauri de Inokawa, en la isla de Tokunoshima, es una celebración en la que se agradece la cosecha a los espíritus de los antepasados. En el séptimo mes del calendario lunar, tras el banquete Ichijū Ichibin, en el que los participantes llevan a la playa bandejas de comida y sake, se recorre el pueblo durante toda la noche bailando la danza Natsume.
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Aunque el cultivo del arroz en Tokunoshima está en declive, las tradiciones del Hamauri y la danza Natsume sirven para fortalecer los lazos de la comunidad.
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Izquierda: un agricultor teje tsumugi en su taller (pueblo de Kasari, del actual barrio homónimo, en la ciudad de Amami). El Ōshima tsumugi es un tejido de seda con 1.300 años de historia. En la década de los setenta, debido al aumento de la demanda, se fabricaba también en el extranjero, pero hoy en día la producción es solo una setenta parte de la de entonces. Derecha: un agricultor (en el municipio de Wadomari) hilando tela de banano (bashōfu), otra artesanía tradicional.
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Hasegawa Chiyoko, tejedora de bashōfu. Aprendió de Taira Toshiko (Tesoro Nacional Viviente), de Okinawa, las técnicas de fabricación que se habían perdido ya en la isla de Okinoerabu.
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En la isla de Okinoerabu, formada por roca caliza, los manantiales eran un importante bien común.
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En Jokkyonuhō, en el municipio de China, sigue brotando agua del manantial; hoy es un lugar de descanso.
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Paisaje de Yoron; antes de la reintegración de Okinawa era la isla más meridional de Japón.
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La costa de Chabana, en la isla de Yoron. En esta costa de arrecifes de coral se ha habilitado un embarcadero.
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En 1966, cuando los productos fabricados en serie se habían generalizado ya, alguien que temía la desaparición de la cultura y el modo de vida de la isla, invirtió su propio capital en la creación del Pueblo Folclórico de Yoron. A través de sus exposiciones, ventas y talleres de fabricación de utensilios tradicionales, transmite a las generaciones futuras cómo era la vida en el pasado.
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