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El Taiyōji es un templo zen de la rama Kenchōji de la escuela Rinzai, fundado en 1313 por el tercer hijo del emperador Go-Saga, que era sacerdote budista. El pabellón principal se reconstruyó a mediados del periodo Edo (1603-1868).
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Los participantes pueden recitar sutras si lo desean. El monje principal, Asami, nos dio permiso para pasear por el recinto del templo o sentarnos en el pasillo que da al exterior a contemplar las vistas. “En las enseñanzas del zen, el sonido del agua cuando fluye por el valle es un sutra y una montaña es Buda”, nos explicó.
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Los sutras copiados se pueden ofrendar al templo o bendecirse para quedárselos como amuleto.
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El monje principal tardó un año en construir esta bañera de piedra al aire libre. Trae el agua en coche desde un manantial mineral que brota del pie de las montañas.
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Asami abandonó la vida de oficinista a los 35 años, se introdujo en el budismo y se formó en la práctica espiritual en el templo Myōshinji de Kioto. Sirve la cocina budista en recipientes lacados en bermellón. Su plato estrella es la sopa kenchinjiru al estilo Taiyōji, con un toque de miso.
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El segundo día, por la mañana, caminamos hasta un parque cercano y practicamos yoga mientras veíamos salir el sol.
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Hay que sentarse con el pie derecho sobre el muslo izquierdo y el pie izquierdo sobre el muslo derecho. Si no es posible, se permite recurrir a sentarse en seiza (arrodillado, apoyando las nalgas en los talones).
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“Cuando uno intenta abstraerse, lo único que logra es luchar contra la distracción. Hay que imaginar que se está como en el fondo del mar”, explica Asami.
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