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Los farolillos kiriko danzan vigorosamente alrededor de gigantescas antorchas de 7 metros.
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Mujeres y niños también montan en los kiriko y lideran el acompañamiento musical del desfile.
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Antiguamente en Ushitsu se desfilaba con kiriko de más de 10 metros de altura, pero, después de que se tendieran los cables de la electricidad en 1921, se cedieron a la localidad de Ishizaki, del municipio de Nanao.
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El dios rebelde va montado en los dos santuarios portátiles.
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La hospitalidad a lo bárbaro contenta al dios.
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Castigando los mikoshi a base de agua y fuego.
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El frenesí es tal que ni notan el calor del fuego.
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Por la noche, cuando termina el alboroto en el recinto sagrado, los mikoshi se introducen en el pabellón del santuario.
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Tirando un mikoshi al suelo.
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Todos los lugareños acompañan a la divinidad en su periplo.
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Los habitantes del barrio que toma el relevo esperan con impaciencia a la comitiva en su okariya.
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El santuario portátil acaba por los suelos varias veces durante el recorrido.
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Cuanto más deteriorado queda el mikoshi, más satisfechos quedan el dios y la gente.
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Bajando la cuesta con el sistema de cuerdas.
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El mikoshi pesa más de 500 kilos. Es durísimo subirlo por un acantilado casi vertical.
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¡El tramo más difícil tiene una pendiente de 60 grados!
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El camino se llena de alegría en el momento de la llegada.
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Carrera votiva en la que compiten los equipos del este y el oeste. Las ofrendas de paja las elaboran feligreses veteranos llamados hogoyaku (‘guardianes’).
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El sakakudashi es también un ritual para el desarrollo de los niños.