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La vista en pleno invierno del monte Rishiri (1.721 metros) fotografiada por Mizukoshi Takeshi a los 84 años.
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Las cordilleras del interior de Hokkaidō.
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El monte Asahidake, el pico principal de la cordillera de Daisetsuzan, en la temporada de mayor acumulación de nieve.
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Los manantiales que brotan de las pequeñas calderas de la cordillera de Daisetsuzan confluyen y se convierten en riachuelos que atraviesan la zona montañosa.
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La vista del monte Tomuraushi, en el sur de la cordillera de Daisetsuzan, desde Ōnuma de Numanohara, lugar donde florecen las ezokanzō.
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Las montañas de la cordillera de Daisetsuzan en invierno.
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La vista del pico Ishikaridake (1.967 metros), cumbre principal de la zona este de la cordillera de Daisetsuzan, desde el humedal de Numanohara, en la profundidad de la serranía.
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La vista otoñal de la zona límite forestal (el área más septentrional donde hay bosque) de la cordillera de Daisetsuzan.
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La parte central de la cordillera de Hidaka.
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En el monte Iō (508 metros), en el Parque Nacional Akan Mashū, se continúan formando cristales de azufre en sus fumarolas.
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El monte Meakandake, en el cual se puede apreciar la actividad volcánica, y su lago Aonuma. Al fondo se alza el monte Akan Fuji (1.476 metros).
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El monte Meakandake (1.499 metros) en un periodo de alta actividad volcánica.
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Los montes Meakandake y Akan Fuji (a la derecha) en el invierno.
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La cordillera de Shiretoko asomándose entre el mar de nubes.
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El monte Shiretoko (1.254 metros) a principios del verano.
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El lago de caldera Mashū es sumamente transparente y su aspecto cambia en gran medida dependiendo de las estaciones.
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El monte Shiretoko (1.254 metros) a principios del verano.
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