Curry de sazae y carne de Oki, éxito en todo el país

Continuaron apareciendo nuevos productos. Uno de ellos es el curry de sazae (un tipo de caracol de mar), del que hablara en su día el primer ministro Abe. En las islas existe desde hace tiempo la costumbre de sustituir la carne del curry por sazae; cuando este producto se envasó en aluminio (con lo que se denomina en inglés retort pouch, una bolsa metálica flexible) se convirtió en el primer éxito de Oki. A esto lo siguió un desarrollo relacionado con las ostras; tras investigar con ostras traídas de todo el país, a comienzos de la primavera se comenzaron a comercializar ejemplares seleccionados de la mayor calidad, y la isla cosechó el éxito en un nuevo mercado.

Retort pouch de curry de sazae, y extracción de ostras marca “Haruka”

La carne de Oki también se hizo famosa. En la región de Oki, donde se crían reses de pasto, es tradición conseguir ganado de patas fuertes; hasta hace poco lo normal era que los animales se vendieran a otras regiones siendo aún terneros, dado el aislamiento y los costes de transporte. Para hacer frente a estos problemas se comenzaron a vender solo las reses adultas de la mayor calidad, que aún se apreciarían en los mercados de Tokio, con la denominación de origen “res de Oki”. En la actualidad la cantidad de ganado que se vende está limitada, pero ha logrado alcanzar precios muy altos en todo el país. Otros éxitos de la zona son la sal natural, o el té denominado fukugicha, entre una larga lista de productos. ¿Cómo ha sido posible lograr todo esto?

Las vacas con marca de res de Oki, “nacidas y criadas en la isla”, crecen en un rico ambiente natural (foto superior). Fukugicha, té con un característico aroma refrescante (abajo a la izquierda), y sal natural Amanoshio, fabricada a mano con un proceso tradicional en el que se usa agua de mar sacada del golfo de Hobomi.

Vender los encantos de la isla gracias a la imaginación de los estudiantes I-turn

La clave del secreto reside en el I-turn mencionado al principio de este artículo. Los habitantes de la isla, empeñados en lograr una reactivación de su región, no solo se han puesto ellos mismos manos a la obra, sino que han introducido también mano de obra de otros lugares. Entre 2004 y 2014 la población aumentó en 294 núcleos familiares y 437 habitantes. Dado que hay solo 2.300 habitantes en total, estos son números realmente sorprendentes. Son sobre todo las generaciones jóvenes, entre 20 y 39 años, aquellas cuya tasa de radicación ha sido alta. ¿A qué se debe que tanta gente quiera mudarse a Amachō?

Una razón es su sistema de entrenamiento. El pueblo no solo ofrece vivienda y numerosos servicios a quienes vienen a vivir a él, sino que han creado un un sistema de entrenamiento para aprender a producir los bienes de la isla. Durante un tiempo establecido se proporciona entrenamiento para el trabajo a desempeñar, pero a posteriori no existen restricciones; los participantes son libres para quedarse en la isla o marcharse. En otras partes de Japón también se ofrece una generosa ayuda económica a los inmigrantes, pero al hacerlo también se genera una brecha consciente hacia los inmigrantes debido a unas expectativas excesivas; en Amachō, sin embargo, se ofrece libremente toda la información y el apoyo necesarios a quienes vienen a la isla, pero no hay restricciones innecesarias, y se respeta su libre albedrío.

Cuando un I-turn ya ha recibido formación y propone un buen plan de negocios recibe apoyo para realizarlo por parte de la isla, y eso incluye el uso de las instalaciones comunitarias. Entre los productos que han ido apareciendo hay muchos que han surgido de ideas de aquellos formados por el sistema. Los habitantes de la isla dan por sentadas muchas maravillas que pueden redescubrir gracias a la visión de quienes vienen de fuera, y así convertir en productos. Es lógico pensar que el uso consciente de esta estrategia es la principal clave del éxito de Amachō.

La “democracia de la isla” genera una nueva comunidad

Y sin embargo, el entendimiento mutuo entre antiguos y nuevos habitantes ha permitido la verdadera revitalización de la isla. Ambas partes de la comunidad interactúan y se unen gracias a la creación del cuarto plan general para la promoción del pueblo. A menudo los planes de los Gobiernos locales para reactivar la economía de una región son arduas listas de números, o por el contrario un desfile de buena retórica, pero en Amachō se proporcionan ilustraciones divertidas, pero también específicas.

Residentes antiguos y nuevos, desde los 15 hasta los 70 años, participan juntos en el plan de promoción denominado “La felicidad de la isla”. (Imagen cortesía de studio-L)

El tema del plan es “La felicidad de la isla”, y el documento se halla dividido en los subtemas con planteamientos concretos “Lo que puede hacer uno solo”, “Lo que pueden hacer diez personas”, “Lo que pueden hacer cien personas” y “Lo que pueden hacer mil personas”. Como ejemplo se puede citar el caso de una guardería en desuso, que podría convertirse en lugar de intercambio y aficiones -la llamada Posada de la gente de Ama-, la poda de Chinchikurin, un bosque de bambú, para producir carbón, la creación de la Oficina de Información AMA, en la que se ofrecen a todo el país los encantos de la isla, la Universidad Ama, en la que se transmiten las técnicas y las tradiciones del lugar, etc. Todos esos ítems muestran fuentes concretas de información y una consulta necesaria con las autoridades.

Como preparación para este plan, en Amachō se han constituido cuatro equipos de ciudadanos y funcionarios, y han debatido a lo largo de un año. Para dichos debates han logrado la participación de Yamazaki Ryō, famoso por su “diseño de comunidades”. Podría decirse que la creación de un diálogo exhaustivo, que incluye tanto a antiguos como a nuevos habitantes, es la base de la construcción de una nueva comunidad en Amachō. Es la “democracia de la isla”, incluso en temas como la autodeterminación de la región, lo que la impulsa.

Precisamente por ser acorralada en una situación difícil, la isla ha avanzado en la construcción de nueva comunidad unida, a través del diálogo exhaustivo entre los habitantes, al que se suman también las ideas y los puntos de vista de quienes han llegado de fuera. Este modelo de Amachō puede convertirse en un ejemplo para todas las regiones de Japón.

(Artículo escrito el 20 de noviembre de 2014, y traducido al español del original en japonés / Imágenes cortesía del ayuntamiento de Amachō)