La importancia de la gestión específica ante una emergencia
Dejo Onagawa y me dirijo treinta kilómetros al oeste, hacia la población de Matsushima, lugar de la legendaría bahía de calas e islas cubiertas de pinos conocida como uno de los “tres paisajes de Japón”. Aquí constan dieciséis personas como muertas o desaparecidas –un número relativamente pequeño en comparación con los municipios vecinos, donde las víctimas mortales se cuentan por centenares o miles. Se cree que la península y las numerosas pequeñas islas por las que Matsushima es famosa podrían haber ayudado a atenuar el impacto del tsunami. El hecho de que el agua de la Bahía de Matsushima tiene una profundidad media de tan solo 3,5 metros también puede haber sido un factor determinante.
De hecho, cuando paseo por su costa, me asombro al ver que los rompeolas y bosques cercanos a la costa parecen haber escapado prácticamente indemnes. Cuesta creer que escenas de devastación similares a las que había visto en Onagawa se extiendan a ambos lados de la costa a tan solo a unos pocos kilómetros de distancia.
No obstante, la población estima que el coste total de los daños ascenderá a los 8,6 mil millones de yenes, cifra que supera el presupuesto general incial de la ciudad de ese año, fijado en 5,3 mil millones. A pesar del cada vez mayor estatus de Matsushima como ciudad dormitorio de la cercana ciudad de Sendai, capital de la prefectura, es el turismo y la pesca lo que siempre ha sido la base de la economía local. Instalaciones cruciales para estas dos industrias quedaron inundadas tras el desastre. La situación afectó particularmente a las reservas por las vacaciones de la Golden Week (semana de oro) del mes de mayo, fecha en que la ciudad normalmente habría tenido una ocupación máxima. El señor Ōhashi Takeo, alcalde de Matsushima, explica: “La pérdida de las especialidades de marisco local de Sanriku nos ha afectado mucho en cuanto al turismo. Muchas de las personas que están trabajando en los proyectos de reconstrucción local se albergan en este momento en los hoteles y hostales de la población, pero en muchos casos no cenan en ellos, así que los dueños sólo facturan alrededor de la mitad de lo que facturarían normalmente”.
Pero en comparación con otros lugares, Matsushima ha sufrido un daño relativamente pequeño, y todavía dispone de los atractivos naturales que siempre la han convertido en un importante destino turístico. El señor Ōhashi afirma convincentemente que la ciudad tiene un importante papel que desempeñar, tanto como base de las operaciones de respuesta al desastre en toda la región como en la ayuda para conseguir que los turistas de Japón y del resto del mundo vuelvan a venir.
“Estoy convencido de que hemos hecho una contribución inequívoca a las acciones de respuesta al desastre, como por ejemplo la de ofrecer refugio a muchas de las víctimas de comunidades vecinas. Siempre existe la posibilidad de que ocurra otro desastre en el futuro, y por eso queremos reforzar nuestra capacidad de colaboración con otros gobiernos locales y organizaciones de la región. Además, durante estos últimos veinte años hemos asistido a un aumento continuado del número de visitantes de lugares como China, Hong Kong, Taiwán, Estados Unidos de América y Francia. Es por ello que debemos potenciar las relaciones públicas para poder atraer a un flujo renovado de turistas extranjeros”.
El señor Ōhashi afirma tener serias reservas sobre la respuesta del Gobierno japonés tras el desastre. “Como persona que se ha visto afectada por la respuesta gubernamental a este desastre, lo primero que me sale de dentro es que están intentando salir adelante siguiendo procedimientos operativos estándar. Las regiones están muy alejadas de la política central, y tal vez esto es inevitable hasta cierto punto, pero aquí estamos enfrentándonos a un gigantesco desastre natural, y las respuestas de brocha gorda no bastan. En circunstancias normales, la gestion de la situación a nivel global consigue probablemente una mayor eficacia con un coste menor. Pero en una situación de emergencia en donde las funciones más básicas de la sociedad han dejado de funcionar correctamente resulta esencial gestionarlo todo a un nivel más específico, desde el abastecimiento de agua, gasolina y otros artículos de primera necesidad. Ojalá los políticos y otros cargos con responsabilidad a nivel nacional visiten las zonas afectadas y puedan fijar sus prioridades de reconstrucción tras haber visto con sus propios ojos las cosas como realmente son”.




