La estabilidad trae la vuelta a lo clasico, pierden fuerza las nuevas religiones
En nuestro tiempo, las nuevas religiones de las dos hornadas que he aludido están perdiendo fuerza. Sus organizaciones ya no tienen capacidad para seguir atrayendo a los jóvenes. Sōka Gakkai y otros grupos similares, que en su momento de mayor auge lograron aumentar el número de miembros mediante formas de conversión un tanto insistentes, hoy en día ya no convierten más que a los descendientes de los creyentes.
Las llamadas “novísimas religiones” han perdido también la vitalidad que un día tuvieron y hoy en día apenas producen ningún tipo de actualidad. Entre los estudiosos de las religiones de Japón el propio término shinshinshūkyō (novísima religión) ha caído casi en desuso, considerándose estas últimas manifestaciones dentro del conjunto de las “nuevas religiones”, concepto que, por cierto, ha perdido también la frescura que tuvo en su día.
Las religiones nuevas y novísimas se convierten en focos de interés cuando grandes convulsiones afectan a nuestras sociedades y resulta difícil leer el futuro. A pesar de que nuestro tiempo también tiene sus grandes catástrofes naturales y sus grandes crisis financieras, grandes sucesos todos ellos que no somos capaces de prever, nuestra sociedad es hoy en día mucho más estable de lo que era en la época de crecimiento rápido o en la de la burbuja. Japón ha tenido en el pasado largas épocas de estabilidad en los periodos Heian y Edo, y este aspecto en nuestra actual era, la era Heisei, es comparable a aquellas.
En épocas de estabilidad, de pocos cambios, hay una fuerte demanda de lo tradicional, de lo conservador. Esto significa que en el campo religioso ya no se demandan formas “nuevas” ni “novísimas”, sino formas de religión y de fe tradicionales, que han sobrevivido hasta nuestros tiempos tras recorrer un largo camino.
Los jóvenes sienten algo nuevo en lo más antiguo
Las religiones de Japón se enorgullecen de tener una historia relativamente larga, si la comparamos con la de otras muchas religiones del mundo. El sintoísmo ha sufrido, indudablemente, grandes transformaciones, pero en todo caso cuenta con una historia milenaria. No encontramos en ningún país ejemplos de sencillas religiones nacionales que hayan sido transmitidas hasta nuestros días.
En el caso del budismo, nos fue transmitido desde China y desde la Península Coreana y por lo tanto no es una religión local, pero desde el momento de su transmisión, allá por el siglo VI, han transcurrido ya cerca de 1.500 años. En India, donde nació, el budismo está de capa caída, y ni en China ni en la Península Coreana puede decirse que ocupe una posición central en la escena religiosa. Los únicos países en los que puede decirse que la tradición del budismo Mahayana (Gran Vehículo) se ha transmitido hasta el presente son, además de Japón, Tibet y Vietnam.
Si queremos conocer el viejo budismo o el viejo sintoísmo japonés, no tenemos más que hacer una visita a Nara o a Kioto. La ceremonia de reconstrucción periódica del Santuario de Ise es también muy antigua, pues se remonta al siglo VII. Además el mundo de las creencias religiosas se halla en Japón fundido con la naturaleza, así que no es difícil encontrar objetos naturales convertidos en objetos de culto. Esto contribuye también a proyectar la imagen de que se trata de cultos sostenidos desde tiempos muy remotos.
El Meiji Jingū, que fue construido durante la Era Taishō (1912-1926), y otros santuarios similares siguen el patrón del clásico santuario elevado en medio de un bosque sagrado y protector, dando toda la impresión de ser un lugar depositario de creencias antiquísimas.
Es posible que los jóvenes actuales perciban en esta tradición algo que les resulta novedoso. Y si muestran ese interés en las formas y preceptos, es porque piensan que sin respetarlos no es posible acercarse a estas formas tradicionales.
Solo una figura carismática puede acabar con la sensación de estancamiento
La actitud de volver a lo tradicional que vemos en estos jóvenes está relacionada también con esa “derechización” de la que tanto se habla en los últimos tiempos. Y en esto influye fuertemente las transformaciones que se experimentan en la situación del Asia Oriental. En las relaciones que Japón mantiene como estado con China y con Corea del Sur hay una creciente tensión y los jóvenes se sienten ahora más nacionalistas que antes.
Hay también una cierta sensación de estancamiento, como consecuencia de la larga estabilidad, que está dando como resultado un fortalecimiento de esos sentimientos. A mayor inmovilidad, más necesario resulta pertrecharse contra el aburrimiento cotidiano. La necesidad de “eventos” y acontecimientos que nos saquen de ese hastío se hace entonces más fuerte.
Para que una religión atraiga fuertemente, tiene una importancia decisiva que surjan personajes con carisma y atractivo. Si no hubieran aparecido hombres como Toda Jōsei o como Ikeda Daisaku, Sōka Gakkai no se habría convertido en la gigantesca organización religiosa que es hoy en día. La Verdad Suprema tampoco podría entenderse sin la figura de su líder, Asahara Shōkō.
Cabe preguntarse si en la sociedad japonesa volverán a aparecer personajes como estos. Pero es sencillamente imposible dar respuesta a esta pregunta. Pero si en este momento surgiera una persona que supiera imprimir una orientación a las ansias de religiosidad de los jóvenes, no cabe duda de que su movimiento alcanzaría una gran expansión.
(Traducido al español del original en japonés. Fotografía del encabezado: AP/Aflo)
