Debilidad paterna, factor suavizante
Entre las manifestaciones propiamente japonesas de rebeldía juvenil que subsistían durante el primer decenio del siglo estaba la peculiar forma en que los jóvenes agresivos boicoteaban las ceremonias de mayoría de edad, que se celebran con gran boato y presencia de autoridades en enero. Pero hasta estas actitudes han desaparecido ya. “Incluso en Okinawa, donde estas ceremonias solían acarrear serios desórdenes, ahora puede verse a los jóvenes recogiendo la basura de la calle y los jaleos que antes se producían ya no se producen”, explica Harada. La moderación que caracteriza a los nuevos yankī se hace patente también aquí.
Entre los factores que han impulsado esta moderación no hay que olvidar los cambios perceptibles en la generación de sus padres. Hasta ahora, predominaba el tipo de padre que de forma unilateral trataba de conducir a su hijo primero a una universidad de prestigio y luego a una gran empresa. Los propios padres participaban de esa ambición vital. Los padres de los actuales yankī suaves constituyen la última generación formada mayoritariamente por empleados fijos, y sus padres, en muchos casos, compartían esa misma condición.
Sin embargo, durante los últimos 20 años hemos asistido a un notable descenso de la proporción de empleados fijos. En muchas familias ya no se dan las condiciones económicas que eran la premisa en aquel discurso paterno. “Ahora el padre puede haber egresado de la mejor universidad, pero de repente puede perder su empleo y ver reducidos sus ingresos. Frente la generación de los padres el sentimiento ya no es de hostilidad o de rebeldía. Tengo la impresión de que vamos hacia una relación marcada más bien por un sentimiento de compasión y un afán de protección hacia los padres”, sostiene el experto.
Una tribu muy local, identificada con su tierra y su gente
Por sus propias características, el fenómeno de los yankī suaves escapa a las mediciones cuantitativas y resulta difícil de identificar. Las empresas periodísticas y de investigaciones sociales suelen utilizar internet en sus estudios focalizados en estratos sociales concretos, pero los yankī suaves no quedan fácilmente prendidos en las redes que lanzan a través de internet (mediante ordenador personal) las grandes empresas. En el modo de estudio de entrevista colectiva normalmente los locales elegidos se ubican en barrios céntricos de Tokio, como Harajuku o Shibuya. Pero según afirma Harada, los yankī suaves, que sienten gran apego por su barrio o ciudad, son reacios a desplazarse a estos sitios aunque puedan llegar a ellos en menos de una hora, usando el transporte público. Esto hace que el método de la entrevista no sea el más apropiado para hacerse una imagen precisa de ellos. Son personas a quienes desagrada alejarse del terruño, que desean vivir tranquilamente donde han nacido y se han criado, cuidando las relaciones con familiares y amigos de toda la vida. Constituyen, pues, un grupo juvenil extremadamente conservador y apegado a su tierra.
Si consideramos los elementos constitutivos de este amor por la tierra que han desarrollado estas “tribus”, descubrimos en primer lugar a los compañeros de la escuela secundaria y después a los padres que son objeto de sus costumbres parasitarias. Pero aparecen también lugares como los grandes centros comerciales de su localidad, que frecuentan en compañía de dichas personas. Lo que quieren es pasárselo bien con su pandilla en estos lugares. “Estas tribus locales están totalmente identificadas con la tierra que aman, pero su amor no es tan ferviente como para, por ejemplo, defender a los pequeños comercios locales frente a las grandes superficies. Y, por supuesto, su amor al terruño tampoco parece tener demasiada relación con el amor patrio”, acota.
Una introversión que afecta también a la elite académica
En términos concretos, para estos yankī suaves el terruño abarca el área de cinco kilómetros de radio alrededor de su vivienda. Ahí comienza y allí termina su mundo, un mundo que podría compararse a las Islas Galápagos, si bien con una extensión aún menor y una incomunicación todavía mayor. Pero la existencia de esta capa social de yankī suaves que se aíslan en su terruño no es en sí misma ningún problema, según Harada. El problema lo percibe en la tendencia al retraimiento que muestra otro grupo juvenil, el de los que tienen una elevada titulación académica.
“Ellos están cada vez más encerrados en sí mismos y ni se molestan en observar el mundo exterior”, continúa Harada. “Supongo que el gran descenso registrado en el número de jóvenes que deciden seguir sus estudios en centros extranjeros es un exponente de este mismo fenómeno. Este segundo grupo tiene, en mi opinión, una naturaleza completamente distinta a la de los yankī suaves, pero el hecho es que hasta los alumnos de las más prestigiosas universidades, como Tokio o Waseda, no bien terminan sus estudios, tienden a encerrarse en su terruño, donde retoman su grupo de viejos amigos de la secundaria sin relacionarse con nadie más. Empieza a haber jóvenes así”, señala. La tendencia al retraimiento está, pues, presente también en este otro estrato social de la elite académica.

