Un grupo hangure utilizado y sacrificado

Los dos principales implicados en el caso son conocidos en Nagoya como los hermanos Noguchi. Mantienen vínculos con la yakuza, pero no pertenecen a ninguno de sus grupos. Entran más bien en la categoría de líderes de hangure (bandas que delinquen habitualmente pero sin pertenecer a ningún bōryokudan o “grupo violento”). Hasta el momento habían cometido varios robos de vehículos y estaban fichados por la policía.

Los Noguchi llamaban la atención incluso en Kinsan, un distrito de Nagoya con mucha vida nocturna, donde eran conocidos por la liberalidad con que gastaban el dinero, haciéndose acompañar de famosos del mundo del espectáculo y mostrándose cada vez en un automóvil de lujo diferente.

“Eran de esos que llaman paripi (party people)”, comenta una joven que trabaja en un local nocturno de Kinsan, “de los que andan de juerga día y noche por los clubs de las zonas animadas. No sé de dónde sacarían el dinero, pero gastaban con mucha ostentación. Vamos, que eran muy famosos. Lo de su detención nos lo veíamos venir”. En las redes sociales, los Noguchi colgaban fotos de las ostentosas fiestas que congregaban a toda la pandilla, de artículos de marcas caras comprados en grandes cantidades, y de sus impresionantes coches. Después de dar el golpe, Kazuki hizo varios viajes al extranjero, donde se divertía sin reparar en gastos. Su detención se produjo precisamente en el aeropuerto internacional de Narita, por el que regresaba a Japón después de una estancia en Hawai.

Sus círculos de amistades eran muy amplios y a su alrededor se hacía notar gente relacionada con la yakuza de Tōkai (región alrededor de Nagoya) y de otros grupos hangure de Kantō (región de Tokio), pero los individuos que participaron en el atraco de Fukuoka eran compañeros de juerga que formaban una banda delictiva improvisada. Podría decirse que ellos no fueron más que los autores materiales del hecho. Los convencieron para dar el golpe asegurándoles que todo era un teatro y consiguieron una gran suma. Hasta ahí todo fue bien. Pero luego fueron sacrificados y cayeron fácilmente. Un esquema de lo más burdo.

El negocio del contrabando y las mafias extranjeras

La pregunta es, entonces, quién manejaba los hilos de estas operaciones.

Según las citadas fuentes policiales, es indudable que las mafias extranjeras han tenido alguna participación. “Se organizan para introducir ilegalmente los lingotes de oro en Japón y obtienen pingües beneficios. Por detrás, hay una lucha por el control del negocio del contrabando de oro a Japón. Hay todo tipo de grupos implicados en el negocio, tratando de eliminarse unos a otros. Nosotros creemos que la información [para hacer los atracos] fue servida por alguna mafia asiática con la intención de hacer caer a sus rivales”.

El esquema del negocio es simple. La clave está en el 8 % que se grava en Japón en concepto de impuesto sobre el consumo (equivalente al IVA). En muchos países las transacciones con oro están exentas de ese impuesto, pero las que se hacen en Japón tienen que pagarlo. Cuando el oro se introduce desde el extranjero, ese 8 % se paga anticipadamente en la aduana como un arancel, de forma que al hacer la operación ya no hace falta abonarlo. Aprovechando esta diferencia, si se consigue meter el oro en Japón sin pasar por la aduana, luego se puede vender al precio al que se vende el que ha sido legalmente introducido, generándose un 8 % de beneficio.