Certificación de escasa practicidad
En 2017 publiqué un libro con el siguiente título: Gomen nasai, moshi anata ga chotto demo yukizumari wo kanjite iru nara, fuben wo toriirete mite wa dō desu ka? Fuben’eki to iu hassō (“Disculpe, si siente usted como que se encuentra en un callejón sin salida, ¿por qué no prueba a introducir en su vida lo poco práctico? La idea del fuben'eki”; editorial Impress Mishima). El título es larguísimo, muy difícil de aprender, y me pregunto qué intención tendría el presidente de la editorial Mishima, que se encargó de la edición, al ponérselo. Y lo que él quería no era otra cosa que, pensando en el engorro que supondría tener que aprenderse este kilométrico título, el lector no vaya al nombre, que al fin y al cabo es algo superficial, sino a lo profundo, a la esencia del tema. Cuando alguien quiera pedirlo, podrá decir: “Sí, por favor, el libro ese sobre el fuben'eki”.
Yo situaría este libro entre los instructivos o ilustrativos de carácter general. La idea es que alguien que va a una estación de tren se acerque al quiosco, tome este libro en sus manos como podría tomar otro cualquiera y, después de leérselo durante su desplazamiento al trabajo, concluya que lo poco práctico también es importante, que su empresa debería tener en cuenta ese concepto y que sus jefes no harían mal en leer ese libro.
En él, me permito establecer un criterio muy personal de “certificación de fuben'eki” para objetos ya existentes, con el que pretendo sentar las bases para la creación de nuevos objetos que nos reporten beneficios desde su poca practicidad.
Uno de dichos ejemplos ya existentes es este. Frente al aceptado concepto de bariafurī (barrier free, accesibilidad), la cadena de centros de día Yume no Mizuumi-mura, con establecimientos en todo el país, promueve el bariaarī (existencia de barreras, no accesibilidad). Como podrá deducirse del retruécano, en sus instalaciones se ponen escaleras y otras pequeñas dificultades, y el personal está muy bien preparado para reservarse su apoyo hasta el momento en que este es ya completamente imprescindible. Otro ejemplo sería el del Jardín de Infancia Fuji, en la ciudad de Tachikawa (prefectura de Tokio), cuyo patio de recreo presenta numerosos hoyos y elevaciones. En un terreno irregular es más fácil caerse que en uno plano y de ello pueden derivarse más casos de heridas, además de dificultarse cualquier movimiento, resultando en conjunto muy poco práctico. Sin embargo, lo cierto es que los niños que juegan en un lugar así se vuelven más dinámicos, lo cual no resulta sorprendente, pues, aunque pueda tener sus problemas, un terreno más parecido a un paraje natural tiene que resultarles mucho más divertido.
Viajes atribulados pero intensos
Mi primer libro sobre el tema fue Fuben kara umareru dezain: kōgaku ni ikasu jōshiki wo koeta hassō (Un diseño nacido de lo poco práctico: aplicaciones en la ingeniería de las ideas que desafían el sentido común; editorial Kagakudōjin, 2011). Era un libro quizás demasiado ambicioso, pues en él condensaba mis intentos por sistematizar métodos para diseñar cosas que, siendo poco prácticas, reportasen beneficios a sus usuarios, y por determinar a qué modelos respondían los mecanismos por los que esto ocurría. Ilustraba mi idea con el ejemplo de mi ciudad. Argumentaba que Izumo, mi ciudad natal, ubicada en la prefectura de Shimane, está muy mal comunicada por tierra, pero que es precisamente ese difícil acceso lo que llena de sentido la peregrinación a su famoso santuario sintoísta. Desde Tokio hay que tomar el tren nocturno que llega a Izumo por la mañana y durante el largo viaje van despertándose más y más ilusiones. Una situación geográfica privilegiada a una hora en tren de la capital no haría más que rebajar las expectativas de quienes peregrinan para ganarse el favor de los dioses y encontrar pareja.
Es fácil encontrar otros muchos ejemplos parecidos. Se dice que las palabras inglesas travel (viaje) y trouble (problema, dificultad) podrían tener un origen común, y que no en vano los viajes están siempre plagados de contratiempos. Mi experiencia parece refrendarlo. Yo nunca he tenido un smartphone. Jamás llevo uno cuando tengo que salir por motivos de trabajo, gracias a lo cual siempre sufro algún tropezón cuando me enfrento a una ciudad desconocida. A veces me ocurre tener que dar algunas vueltas antes de encontrar mi hotel. Pero gracias también a esos cinco o diez minutos de más, soy capaz de aprenderme los nombres de las calles y de memorizar visualmente los lugares. Cuando entro solo en alguna taberna a la que he ido a parar guiado por mi olfato, generalmente suelo acertar. Pero también me he llevado algunos chascos, chascos que, curiosamente, son los que suelen quedar en la memoria. Si anduviese por ahí con mi smartphone, consultando las aplicaciones de mapas y todos esos sitios donde los usuarios vierten sus opiniones, acabaría sometiéndome a ellas. Pero gracias a la incomodidad que supone no disponer de nada de eso, una simple salida laboral acaba convirtiéndose en un verdadero viaje. Por cierto, la idea de que travel y trouble tienen un mismo étimo no tiene, al parecer, ningún fundamento.
Para finalizar, ¿conocen ustedes el libro Kyōdai henjin kōza (“Curso de excéntricos de la Universidad de Kioto”; editorial Mikasa Shoten), que ha sido publicado este año? Reúne una serie de cursos dictados a partir de 2017 bajo el lema de “En la Universidad de Kioto, ‘excéntrico’ es un elogio”. También en este libro se ha encontrado un huequecito para el concepto de fuben'eki. Sostengo que si el fuben'eki ha llegado a ser tema de investigación es gracias a la cultura japonesa, y que si hay alguna universidad que sustenta esta cultura, esa es sin duda la de Kioto.
Fotografía del encabezado: el Sociable Trash Box (“Papelera Sociable”), un robot creado por Okada Michio, profesor de la Universidad de Tecnología de Toyohashi. Es un robot muy poco práctico, que precisamente por eso nos invita a repensar cómo debería ser la comunicación con los seres humanos. (Fotografía: Kawamoto Seiya)