Una de las áreas más duramente golpeadas por el tsunami provocado por el Gran Terremoto del Este de Japón de marzo de 2011 está renaciendo gracias a un ambicioso proyecto para impulsar la industria robótica japonesa.
Haramachi es el distrito central de los tres que conforman la ciudad de Minamisōma, en la costa de la prefectura de Fukushima. Allí puede verse, partiendo de los grandes diques de protección que se han elevado paralelos a la costa, una explanada de color terroso que se extiende a lo largo de más de un kilómetro hacia el oeste. Y en medio de ella, como surgidos de la tierra, aparecen edificios y plantas con depósitos y tuberías a la vista, túneles a modo de caños de tierra y una larga pista de aterrizaje. Es el Fukushima Robot Test Field (FRT), la instalación central del plan “Fukushima, costa de la innovación”, implementado conjuntamente por los Gobiernos prefectural y central.
“Esta zona quedó muy dañada por el tsunami desencadenado por el Gran Terremoto del Este de Japón de marzo de 2011. Se ha traído tierra para elevar el nivel del suelo y se han construido también diques muy altos, pero todavía no se pueden construir viviendas ni instalaciones hoteleras. El FRT está utilizando estos terrenos para experimentar con drones y otros aparatos, y queremos que sea un motor en el desarrollo regional”, explica Ishikawa Hitoshi, jefe de la Sección de Planificación del Departamento de Programas de la Organización para la Promoción del Marco ‘Fukushima, Costa de la Innovación’.
La comarca de Hamadōri, que ocupa toda la franja costera de la prefectura de Fukushima, además de sufrir el tsunami, se vio afectada también por el accidente en la central nuclear Fukushima Daiichi, perdiendo gran parte de su tejido industrial. El FRT se ubica a 23 kilómetros al norte de la central siniestrada. Esta área queda, pues, fuera del radio de 20 km para el cual se dieron instrucciones de evacuación, pero no fueron pocos los vecinos que, por temor a las radiaciones, se fueron a vivir a otros lugares. En estas circunstancias, cobran un especial sentido las palabras de Ishikawa, cuando habla de su empeño en que Hamadōri se convierta en el lugar donde se fijan los estándares y normas que rigen la industria robótica japonesa.
El FRT comenzó a abrir escalonadamente sus instalaciones conforme fueron finalizando las obras, a partir de julio de 2018. Las últimas secciones entrarán en funcionamiento durante esta primavera. Hasta el momento, el centro tecnológico ha llevado a cabo 160 pruebas, algunas de las cuales continúan efectuándose pues son de larga duración, y ha recibido más de 20.000 visitas.

Una instalación imprescindible para hacer realidad el sueño de los coches voladores
Una de las circunstancias que ha lastrado el desarrollo de la prometedora industria robótica japonesa ha sido la falta de un entorno adecuado para la realización de pruebas. Tomemos el ejemplo de la movilidad aérea, que es el área que más atención recibe actualmente. El Consejo Público-Privado para la Revolución en la Movilidad Aérea, un órgano de deliberación establecido conjuntamente por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria y el de Territorio, Infraestructura, Transporte y Turismo, ha fijado como objetivos dar inicio a programas de movilidad aérea de objetos en 2023, de movilidad de personas en áreas rurales a mediados de la presente década y de movilidad de personas en áreas urbanas para el año 2030. Hay muchas empresas y asociaciones que han empezado ya a desarrollar automóviles voladores o drones no tripulados para el transporte de materiales, pero les resulta muy difícil encontrar lugares aptos para hacer sus pruebas. Sin lugares muy amplios, es imposible comprobar suficientemente las capacidades de estos aparatos y debido a que Japón es un país insular y con muchas zonas de montaña, hasta el momento no ha sido posible disponer de las dotaciones adecuadas, lo que ha marcado un fuerte retraso con respecto a los países más avanzados en el área, como China o Canadá, e incluso con respecto a Estados Unidos, que está haciendo rápidos avances.
En el Área de Aparatos Aéreos No Tripulados del FRT se encuentra la llamada Pista de Aterrizaje Minamisōma, con una longitud de 500 metros. Además, a 13 kilómetros de distancia, se dispone también de la Pista de Aterrizaje Namie, de 400 metros, en la zona costera de dicho municipio. Gracias a estas dos instalaciones es posible realizar pruebas de larga distancia y en grandes extensiones, haciendo volar entre ellas los aparatos tanto sobre la tierra como sobre el mar.
Además, el centro tiene un helipuerto, una instalación para probar la durabilidad en funcionamiento continuo, un túnel del viento y un aeródromo equipado con red de amortiguación. Es fácil hacer pruebas con automóviles y motocicletas si se dispone de un espacio propio, pero en el caso de los aparatos voladores la Ley de Aviación se aplica incluso cuando se sobrevuelan espacios propios. El aeródromo con red de amortiguación del FRT, que tiene una extensión de 150x80 metros y una altura de red de 15 metros, permite crear un espacio que legalmente pasa a ser considerado “interior” y no queda sujeto a las limitaciones que impone la ley. De esta forma, no es necesario cursar solicitudes para realizar vuelos nocturnos ni para dejar caer objetos desde altura. Además, como no es un espacio cerrado, las pruebas se hacen en un entorno muy real, pues se sufren todas las variaciones atmosféricas naturales, como la lluvia, el viento o la exposición a la luz solar.

Resulta de gran utilidad disponer, en el Área Base de Desarrollo, que ocupa la parte central del recinto, del Edificio de Investigaciones, del Espacio Cubierto de Experimentación y del Taller de Preparación de Experimentos. Además de poder realizar todo el mantenimiento anterior y posterior a las pruebas, estas instalaciones ofrecen máquinas-herramienta para la fabricación de piezas e instrumental de precisión para análisis y medición. Al principio se disponía de 13 laboratorios, pero muy pronto todos quedaron ocupados y hubo que construir otros tres más, que ya han sido ocupados por otras tantas empresas o asociaciones. Como se han recibido nuevas solicitudes, las obras de ampliación continúan.
“Anteriormente, una de las empresas tenía que llevar sus aparatos de prueba de Aichi a Hokkaidō, donde hacían los experimentos probatorios”, dice Ishikawa. “Pero a veces surgían problemas y se veían obligados a suspender las pruebas y volverse a Aichi, porque en Hokkaidō no tenían las instalaciones adecuadas para hacer ajustes o reparaciones. Ahora están muy satisfechos, porque en nuestro centro pueden probar, mejorar y volver a probar tantas veces como sea necesario”.










