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El bienestar de estirar todo el cuerpo transmite un aura imponente.
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Entrelazando los dedos de la mano izquierda con los del pie derecho. La clave es meter bien profundamente los dedos de la mano hasta que toquen la base de la unión de los dedos de los pies.
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Diagrama de capilares de la mano y del pie. Los capilares se van ramificando como árboles cubriendo densamente los dedos hasta la punta.
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El mono con el estampado del interior del cuerpo permite comprender de manera práctica la relación entre huesos, músculos y órganos.
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Nuestro cuerpo puede cambiar mucho si coordinamos el universo de los órganos con el cerebro.
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A sus 90 años, Kikuchi conserva una piel de una blancura casi transparente.
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La clase empieza concentrando el ki (energía vital) de todos los participantes.
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La gimnasia Kikuchi va siempre acompañada de los modelos anatómicos de los huesos y los músculos.
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Kikuchi hablando con Sadotomo Yoriko. La instructora sabe cómo se encuentran sus alumnos veteranos solo con verles la cara.
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Kikuchi va dando instrucciones a los alumnos y se mueve durante toda la clase. Supervisa los movimientos de todos los asistentes, uno por uno.
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Los movimientos juveniles de Kawamoto Ki’ichi no parecen propios de sus 83 años.
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Kikuchi insufla ki con todo el cuerpo a las personas que se sienten débiles o perdidas.
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Fotografía conmemorativa después de la clase. El cuerpo revive y emana una nueva energía.
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Ejercicio de entrelazar manos y pies empieza por parejas. Es importante notar al compañero.
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Al unirse unos con otros, todos sonríen y vuelven a la infancia.