Una residencia geriátrica para convivir con las mascotas
-
La residencia Sakura no Sato Yamashina se halla en un rincón de un barrio residencial edificado en los terrenos de una antigua granja. Es un lugar bien iluminado en un entorno agradable y de abundante vegetación.
-
Bunpuku, perro enfermero de la residencia, sube rápidamente a la cama de una residente recién admitida a darle la bienvenida.
-
-
La señora Nozawa, una residente de 97 años, con su perrito Mikku. El can, que no se separa ni un instante de su dueña, incluso vigila desde la cama cómo el personal le administra los cuidados diarios: una escena que simboliza la convivencia entre residentes y perros en Sakura no Sato Yamashina.
-
-
La señora Sawada, de 79 años, perdió al felino con el que ingresó en la residencia hace 3 años y ahora la gatita en acogida Yurikko viene a descansar con ella. El impecable gusto estético de la residente se nota en los cuadros y accesorios elaborados por ella misma que adornan la habitación.
-
El director Wakayama cargando en el hombro a Ao, un gato azul ruso adoptado. Es el jefe de todos los animales de la residencia.
-
Una voluntaria lleva a Bunpuku a pasear, una actividad que el perro disfruta muchísimo.
-
Bunpuku no deja nunca de vigilar la unidad de punta a punta, como si dijera: “Yo cuido de todos”.
-
Las sillas del comedor son el lugar predilecto de Bunpuku. Su simple presencia genera calma.
-
La mirada asustada de Bunpuku antes de que fueran a sacrificarlo parte el corazón. Se estima que en aquel momento tenía entre uno y dos años. (Fotografía: Chibawan)
-
A Daiki le encantaba salir a la calle a tomar el aire. Al sostenerlo por la tripa, se tenía de pie e intentaba caminar.
-
La expresión cruzar el puente del arcoíris se usa para expresar que una mascota ha fallecido. Hace referencia a la creencia de que, tras la muerte, el animal cruza el puente y se queda en un prado que hay frente al Paraíso jugando con otros compañeros a la espera de que llegue su adorado dueño.
-
Practicando la costumbre de contemplar los cerezos en flor en el jardín que hay frente a las habitaciones. La vitalidad de Bunpuku hace que se me escape una sonrisa.
7 / 14