Por toda la zona se ven molinillos ofrendados para consolar a los espíritus de los niños fallecidos.
La ribera de Sai está en el camino al otro mundo. Se dice que los niños que murieron antes de sus padres construyen pagodas de piedra porque no pudieron demostrar su piedad filial.
El lago Usori y la playa de Gokuraku-hama brillan bajo la luz del sol.
Estatuas de Niō en la puerta del templo. La figura de la izquierda, llamada A, es la exhalación y la de la derecha, Un, la inhalación. Representan el principio y el fin del universo.
Yakushi no Yu, unos baños termales de azufre que hay en el recinto del templo.
El templo Osore-zan Bodai-ji pertenece a la secta Sōtō. En invierno permanece cerrado por las nevadas.
La lección del monje superior se me hizo extrañamente clara: “¿Dónde va el alma cuando la persona muere? A los seres queridos”.
El río Sanzu, que separa este mundo del otro, fluye por debajo del puente rojo.
Sandalias de paja y toallas de mano atadas en torno a una estatua de piedra de Jikaku Daishi Ennin, que supuestamente fundó el Osore-zan en el año 862. Son ofrendas de los devotos para rezar por que los difuntos lleguen bien al otro mundo.
Todos los seres vivos de este mundo se reencarnan repetidamente en los seis mundos. Foto de espaldas de los Rokujizō, que salvan del sufrimiento de cada uno de esos mundos.