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Variaciones de Karazō. Abajo, desde la izquierda: Karazō Tankara, con vinagre de caqui y ume (albaricoque japonés) para un sabor limpio y picante. Karazō Muchōsei Gen’eki es la mezcla base sin procesar. Karazō Daikarakuchi intensifica el picante con una mayor dosis de chiles. El tarro de arriba es Karazō Aotōgarashi, elaborado con pimientos verdes de cosecha temprana para un aroma más ligero. (© Ukita Yasuyuki)
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La fábrica de Karazō, equipada con barricas de maduración y fermentación, en las montañas de Tajima. (© Ukita Yasuyuki)
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Hirai Seiichi rodeado de barricas de fermentación en el taller de Ojiro. (© Ukita Yasuyuki)
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A la izquierda: una variedad de pasta de chile congelada. A la derecha, un lema escrito de puño y letra por Hirai: Itteki manbai, o “De una sola gota, abundantes frutos”. (© Ukita Yasuyuki)
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Imai Shirō en un campo de tenkū no tōgarashi. (© Ukita Yasuyuki)
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Incluso el aspecto se vuelve más suave a medida que avanza la fermentación. (© Ukita Yasuyuki)
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Ojiro es una conocida zona de cría de ganado Tajima. (© Ukita Yasuyuki)
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Chiles recién cosechados; se trata de una variedad introducida desde Corea del Sur. (© Ukita Yasuyuki)
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Pedí un plato de wagyū en la vinoteca Vinya de Himeji y lo probé con Karazō Muchōsei Gen’eki. El dulzor de la grasa de la ternera se fundió con el sabor umami del Karazō, aportando una nueva dimensión al sabor de la carne. (© Ukita Yasuyuki)