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Tras su declaración como Tesoro Nacional, en 1952, se sustituyó la cubierta por otra de delgadas tablillas de madera que reproduce la original.
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El acceso a través de un puente simboliza el paso del mundo terrenal a la Tierra Pura.
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Las colinas que se alzan tras el pabellón realzan su belleza.
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Lotos en plena floración en el apogeo del verano. (Cortesía del templo Ganjōji)
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En otoño también merece la pena contemplar el reflejo del follaje carmesí en el agua. (Cortesía del templo Ganjōji)
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El jardín de la Tierra Pura, restaurado en la década de 1970, fue declarado sitio histórico nacional. (Cortesía del templo Ganjōji)