Destrucción emergente

Es evidente que ahora surgirán dudas respecto a si Japón dispone realmente de líderes capaces de dirigir el país hacia esta nueva dirección. Mi respuesta es que ya no existe la necesidad de tener líderes con mucho carisma. Como han demostrado los estudios sobre complejidades, las colonias complejas de hormigas funcionan perfectamente sin hormigas reinas que den órdenes. De hecho, las reinas se dedican exclusivamente a poner huevos, mientras que las hormigas obreras llevan a cabo tareas como el transporte de alimentos, y otras hormigas se especializan en mantener el hormiguero limpio. Se crean colonias funcionales de hormigas de una alta complejidad cuando todas las hormigas asumen el trabajo que les ha sido asignado dentro del diseño global.

En el estudio de sistemas complejos, el término “emergencia” se utiliza para explicar que la suma de acciones relativamente sencillas puede dar como resultado un poder que supera la imaginación. Es el tipo de poder que hemos podido ver en las Revolución de los jazmines de Túnez y Egipto, en donde se han producido cambios sin que hubiese líderes ni organizaciones revolucionarias. En su aspiración de libertad y democracia, la gente dio pequeños pasos individualmente, y su poder quedó amplificado al ser comunicado vía Twitter o Facebook, lo que a la postre provocó la caída de regímenes que se creían indestructibles. En estas revoluciones, la información, especialmente en forma de vídeo, provocó respuestas favorables entre incontables jóvenes. Hoy Japón necesita una revolución de los jazmines tranquila de este tipo.

Yo denomino a este poder “destrucción emergente”. Joseph Schumpeter utilizó el término relacionado “destrucción creativa”, afirmando que era indispensable para la innovación. Sin duda, no podemos esperar que se inicie un nuevo ciclo dentro del contexto de un orden antiguo. Pero cuando entendemos el mecanismo de cambio en términos de destrucción creativa, inmediatamente suponemos que sus agentes claves deben ser líderes o emprendedores poderosos. Pero esto no es así cuando hablamos de destrucción emergente. Aunque me gustaría añadir que las revoluciones venideras no serán tan destructivas, sino que se tratará de asuntos emergentes nacidos de las largas olas de cambio puestas en marcha por pequeñas declaraciones e innovaciones de individuos específicos.

Nishiyama Yatarō (centro), primer presidente de la antigua Kawasaki Steel. Nishiyama tuvo un papel de liderazgo en la recuperación de posguerra de Japón. Su idea de crear una acería integrada de tecnología punta pocos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial fue criticada por “poco realista”, pero él estaba convencido de que el acero era crucial para la recuperación de Japón y siguió adelante con la construcción de una acería en la prefectura de Chiba para la Kawasaki Steel. (Foto: JFE Steel Corp.)

El desastre natural acaecido en Japón nos ha ofrecido una oportunidad que va a iniciar una renovación básica del país. Aún así, los que se aferran al viejo paradigma o los que tienen intereses creados seguro que consideran que esto es como hacer castillos en el aire. Pero en las cenizas de Tokio e Hiroshima en 1945, ¿cuántos podían haber imaginado que Japón acabaría convirtiéndose en la segunda potencia económica mundial? Japón carecía de líderes carismáticos en esa época. Los líderes empresariales futuros fueron personas como Nishiyama Yatarō, de Kawasaki, quien durante la purga fue ascendido de director no ejecutivo a presidente, y se le consideraba un ejecutivo de tercera clase que sólo soltaba tonterías; o aquellos que sólo tenían una formación primaria, como Matsushita Kōnosuke de Panasonic y Honda Sōichirō de Honda. Estos emprendedores supieron entender las necesidades de la nación y ahí iniciaron sus primeros pasos.