El impresionante desarrollo alcanzado por la Expo Japan se sustenta en la penetración social del anime, el manga y otras manifestaciones de la cultura otaku. Viendo cómo graban en video las demostraciones que se hacen en las salas, cómo bailan con las canciones de los ídolos juveniles o los temas musicales de los anime, o cómo compran todo tipo de objetos, uno apenas halla diferencias entre su comportamiento y el de los otaku japoneses, lo cual es consecuencia sin duda de esa penetración social.
Resulta interesante que, a la pregunta de si son otaku, casi todos responden que, por supuesto, lo son. Añadiendo, eso sí, que lo dicen en el sentido que se le da en Francia a ese término. En Francia un otaku es, ni más ni menos, un aficionado a los cómics y dibujos animados japoneses. Porque entre los otaku franceses, junto al gran orgullo de serlo, existe la idea de que, a diferencia de los otaku japoneses, ellos no son maniáticos, ni están encerrados en sí mismos.
Aquí está la diferencia con los otaku japoneses
Lo característico de los otaku franceses es que no alardean de sus conocimientos o de sus colecciones, como harían los japoneses, y muestran una mayor sociabilidad y un comportamiento más dinámico. Acuden a estas citas masivas con una actitud muy animada y participativa, que contagia al ambiente un tono muy diferente al que domina las protagonizadas por los mucho más sobrios otaku japoneses.
Tomemos como ejemplo lo que ocurre con una de las actividades que aportan más colorido a la Expo: el cosplay, consistente en disfrazarse de un personaje o un ídolo. Los cosplayers japoneses siguen una línea de conducta muy personal y suelen elegir personajes no demasiado conocidos. Frente a ellos, los franceses se deciden por los disfraces más populares, pensando que cuando les vean todos sabrán de qué personaje se trata, o, simplemente, porque son bonitos y quedan bien.
Si los japoneses se fijan ante todo en los pequeños detalles y confeccionan disfraces que son una copia perfecta, de gran calidad, no pocos franceses modifican su disfraz, lo arreglan, para que les quede mejor. Están también los accesorios alargados, como las espadas, que en las reuniones japonesas están vetados por motivos de seguridad, pero que en la Japan Expo se exhiben sin problemas, contribuyendo a realzar la originalidad del disfraz. Además, los cosplayers suben al escenario y disponen de un minuto para dar vida a su personaje. La forma en que la sala arde de entusiasmo cuando, uno tras otro, los cosplayers van mostrando sobre el escenario sus bailes o pequeñas representaciones teatrales es otra faceta de los otaku franceses, siempre tan originales y tan dispuestos a entretener al público.
Los cosplayers franceses, como los japoneses, posan para las fotos levantando dos dedos en forma de V o con alguno de los característicos gestos de burikko (expresiones estereotipadas de gracia infantil o encanto femenino), pero se distinguen de ellos por su sociabilidad y por la forma tan original en que interpretan su papel. Para ellos, la Japan Expo representa una oportunidad de oro, ya que durante la misma tiene lugar un concurso en el que se elige la “selección francesa”, que tendrá derecho a concurrir a la Cumbre Mundial de Cosplay, en Nagoya.




