Comiket, el origen de la cultura otaku
La idea de disfrazarse de los personajes que aparecen en cómics y películas partió de Estados Unidos. Si se ha difundido por el mundo la creencia de que su origen es Japón, esto tiene que ver, sin duda, con la divulgación de la palabra cosplay (kosupure, pronunciado a la japonesa), un falso inglés gestado en Japón (costume play).
El término nació en Tokio, durante el Mercado del Cómic, una feria de exposición y venta de cómics minoritarios de carácter bianual. La feria es conocida por el nombre de Comiket (Comic Market) y puede considerarse el origen de las reuniones de los otaku.
El Comiket, que en sus modestos orígenes, allá por 1975, apenas ocupaba una sala de reuniones, ha llegado ya a su octogésima edición y se ha convertido en una gigantesca manifestación que moviliza durante sus tres días de duración a cerca de 540.000 personas. Recibe un promedio, pues, de 180.000 visitantes al día. Si los comparamos con los apenas 50.000, de promedio diario, que se congregaron en la feria bienal del automóvil Tokyo Motor Show de 2009, comprenderemos mejor la magnitud del fenómeno otaku.
El principal propósito de los visitantes es conseguir alguna de las revistas minoritarias (dōjinshi o revistas de personas con un mismo interés) que solo pueden adquirirse aquí. La mayoría de las pequeñas revistas que venden los clubs de aficionados con puesto en esta feria son las llamadas “creaciones secundarias” de las obras ya comercializadas. Se trata de productos derivados que desarrollan historias de creación propia, protagonizadas por personajes de una obra original. La mayoría de estos derivados suelen tener un contenido erótico.
En cuanto a los derechos de autor, puede decirse que estas obras cuentan con el consentimiento tácito de los propietarios de esos derechos o de los productores, que lejos de montar un escándalo o demandar judicialmente a sus autores, tratan de existir inteligentemente con ellos y aprovechar estas obras para consolidar la base de fans de la obra original, e incluso ampliarla. Las editoriales tienen también sus propios stands en la feria y se afanan en promocionar sus productos. Vemos, pues, que la popularidad de las “creaciones secundarias” es un motor capaz de mover no solo el Comiket, sino todo el mercado otaku.
El manga: una expresión difícil de imitar
Volvamos a Francia. En la Japan Expo se ha creado un espacio para estas revistas minoritarias, pero aquí no se siente la animación que preside el Comiket. Aunque el mercado francés del manga ha crecido mucho, no ha madurado lo suficiente para que surjan otaku creadores. Hasta los fans de casa prodigan severas críticas: “En dibujo y en utilización del espacio, el nivel de los franceses es todavía bajo”, dicen.
“Quisiera expresar”, comenta un dibujante francés de manga, “la particular forma de comunicarse entre ellos que tienen los japoneses, que suelen tomarse mucho tiempo y hacer muchas alusiones, sus pensamientos hacia los otros, su sentido de la justicia, me gustaría saber dibujar esos personajes tan kawaii, con esos físicos como muñequitos, como hacen los dibujantes japoneses..., pero no es fácil”. Se halla inmerso en un largo proceso de ensayo y error. El código expresivo del manga plantea exigencias que, por lo visto, no se dan en el mucho más directo y físico mundo del cosplay.
Cabe pensar que Francia, que ha sido vanguardia de la asimilación de la pop culture japonesa en el extranjero, esté ahora explorando nuevas vías, formas de fusionar la cultura otaku específicamente japonesa con la originalidad o creatividad de los franceses. Si algún día se logra acuñar una cultura otaku que lleve un inconfundible toque francés, y esa cultura se reimporta a Japón, será sin duda un gran acicate para los propios japoneses.
(Traducido al español del original en japonés)
Fotografías: Kawamoto Seiya (Nagoya) y Hino Hato (París).
Reportaje: Hino Hato (París).
Con la colaboración de Murai Katsushige y Samuel Pinansky (Tokio).






















