Los acosadores son enfermos
La policía, los abogados y los fiscales, ciertamente, cumplen su función dentro de sus atribuciones legales. Pero Uchizawa siente que no encontró a nadie que se solidarizase con ella y luchase a su lado. “Me gustaría que estudiasen mejor la psicología del acosador, los principios que rigen su comportamiento. Por ejemplo, el hecho de haber sido detenido pese a haber presentado sus excusas actuó como detonante en su segundo delito contra mí. Creo que si los abogados〔de ambas partes〕tuvieran un mínimo conocimiento sobre cómo piensan estas personas, podría haberse evitado”.
Uchizaba comenzó a estudiar seriamente el acoso cuando fue agredida por segunda vez. La primera vez, careció de la necesaria tranquilidad de espíritu. Y conforme profundizó en el tema, entendió que una parte de los acosadores son enfermos. Aunque, en aplicación de la ley contra el acoso, se les impongan penas máximas de uno o dos años de prisión, no hay ninguna garantía de que, una vez en la calle, no vuelvan a las andadas. Es necesario aplicarles un tratamiento. Durante sus investigaciones, Uchizawa supo de la existencia de la organización sin ánimo de lucro Humanity, dirigida por Kobayakawa Akiko, y encontró en ella, por primera vez, una verdadera aliada.
Uchizawa explica que mientras A. se encontraba en prisión preventiva, Kobayakawa mantuvo con él una entrevista de 20 minutos durante la cual A. aceptó someterse a tratamiento. Pero luego este se desdijo. Salió con que él era un alcohólico, pero no un acosador, y se negó a ingresar en el centro y someterse a tratamiento. Uchizawa pidió que se aplicase otra vez la orden de alejamiento al excarcelarlo, pero la policía prefectural rechazó su petición, por lo que hoy en día sigue sin saber dónde está su acosador.
“Es muy difícil hacer que un acosador reconozca su enfermedad y conseguir que se someta a tratamiento. Hay que coordinarlo con un especialista, pero todavía no se han establecido los cauces adecuados. Sería bueno que se destinase un presupuesto para la formación de psicólogos que conozcan a fondo los principios que rigen el comportamiento de los acosadores y para distribuirlos por todo el país. También sería necesaria una línea telefónica abierta las 24 horas del día y un sitio apropiado en la red”.
Seguir alzando la voz como víctima
Aunque represente una violación del acuerdo alcanzado, Uchizawa está decidida a escribir su experiencia mientras hace frente con todas sus fuerzas al segundo acoso de A.
“Al principio sentía un gran conflicto al no poder tratar cosas que, por mi oficio, no tengo otro remedio que tratar. Luego sentí la necesidad de escribir para que la gente supiera que las víctimas nos vemos obligadas a mudarnos de casa y a convivir con el miedo, y también para extender la conciencia sobre la necesidad de que los acosadores se sometan a tratamiento. Lo que dificulta que las víctimas de acoso se unan en un movimiento similar al #MeToo es el temor a volver a sufrir acoso si su cara aparece en los medios. Sentí que, en tanto los que alzan la voz fueran una minoría, yo debía contar lo que me había ocurrido”.
Ahora, Uchizawa desea también que su libro sea leído en la policía y en el poder judicial. “Acosadores que necesitarían tratamiento, al final, son simplemente juzgados por lo penal, por amenazas o daños. Como la policía canaliza las denuncias de acoso a través de su ventanilla de consultas, los únicos que vienen a las charlas sobre el tema son los de esa sección, y no comparten los conocimientos con los agentes que llevan los casos criminales. Me gustaría que, por lo menos, leyesen mi libro”.
Cuando Uchizawa comenzó a publicar su experiencia en 2018, en una serie de artículos escritos para el semanario Shūkan Bunshun, A. se enfadó y presentó sus quejas a Kobayakawa. Esta se las arregló para calmarlo, pero Uchizawa teme que pueda volver a ocurrirle algo.
“Todavía no he hecho público en qué lugar de la isla resido. He dispuesto para que no me lleguen directamente a casa los paquetes que me envían. Este asunto ha marcado un antes y un después en mi vida. Pero mi vida ya había cambiado considerablemente otras veces: sufrí una mastectomía doble debida a un cáncer, me mudé a esta isla… Viéndolo así, lo único que puedo hacer es seguir adelante”.
Reportaje y texto: Itakura Kimie (redacción de nippon.com)
