Las terribles consecuencias del terremoto de Tokio

Imagen del distrito comercial Ginza en Tokio tras el Gran Terremoto de Kantō. Los daños de este seísmo de 7,9 grados de magnitud afectaron de lleno a la prefectura de Kanagawa y se extendieron hasta las prefecturas de Ibaraki y Shizuoka, provocando la peor catástrofe natural de la historia de Japón, con un total de 105.000 muertos o desaparecidos. (Foto: Jiji Press)
“La catástrofe ocurrió pocos segundos después del mediodía. Era imposible confundir la hora porque durante estos primeros y horrorosos segundos de temblor del suelo, cuando todavía no podíamos estar seguros de cuando llegaría a su fin la creciente conmoción, el cañonazo del mediodía sumó su estruendo oficial al tumulto, no más desanimados por los elementos desenfrenados de lo que lo habríamos estado por la trompeta del juicio final”. (*1)

Así describía Paul Claudel, el gran dramaturgo y diplomático francés, el terremoto que sacudió Tokio el 1 de septiembre de 1923, cuando era embajador de Francia en Japón. Más de cien mil personas perdieron la vida en el Gran Terremoto de Kantō, en torno al 90% de ellos a causa del incendio que siguió al temblor de tierra. Esta cifra es cinco veces superior a las veinte mil víctimas mortales, aproximadamente, del Gran Terremoto del Este de Japón de este año; el gran número de muertes cabe atribuirlo al hecho que el terremoto sacudió el área densamente poblada de Tokio-Yokohama, y a que las zonas residenciales de la época estaban formadas por numerosas casas de madera, incrementando así el número de víctimas del fuego. El barrio de extranjeros ubicado en Yokohama en aquella época sufrió daños especialmente severos a consecuencia del fuego. Claudel se dirgió allí para proporcionar ayuda y escribió el siguiente relato de lo que vio esa noche:

“Pasamos la noche en un terraplén del ferrocarril entre algunos refugiados, con un panorama [de Yokohama] de juicio final por un lado y la enorme nube roja de humo del incendio de Tokio por otro. Entre los dos, una luna de pureza y serenidad indescriptibles se alzaba sobre el mar. La tierra bajo nuestros pies no paraba de temblar y casi cada hora oíamos el cercano ruido de los vagones del tren que temblaban y trataban de saltar de los raíles”. (*2)

Además del terrible número de víctimas humanas, el Gran Terremoto de Kantō causó otro problema importante. Los principales bancos tenían filiales y oficinas centrales en Tokio, y en Yokohama estaba la sede del Yokohama Specie Bank, la entidad que en aquella época se encargaba de las transacciones de divisas. Estos bancos sufrieron daños graves y vieron cómo con el fuego desaparecían los registros de dinero en efectivo, certificados de acciones y préstamos. Los pagarés prácticamente vencidos no se pudieron amortizar, y se tornó imposible saldar las deudas.

El financiero y político de la era Taishō y de principios de la era Showa Inoue Junnosuke (1869–1932) fue gobernador del Banco de Japón en 1919 y ministro de Finanzas con el primer ministro Yamamoto Gonnohyōe en 1923. Un año después, fue elegido representante de la Cámara de Pares. En 1927 volvió a presidir el Banco de Japón, esta vez nombrado por el ministro de Finanzas Takahashi Korekiyo. En 1929 fue él mismo quien ocupó el cargo de ministro de Finanzas, nombrado por el Gabinete del primer ministro Hamaguchi Osachi, y durante su mandato volvíó a colocar a Japón en el patrón oro. Se retiró de la política en 1931 y fue asesinado al año siguiente en el denominado Caso de la Liga de Sangre. (Foto: Biblioteca de la Dieta Nacional)

Inoue Junnosuke, ministro de Finanzas en aquella época, era experto en la gestión de crisis. Inmediatamente declaró una moratoria para los pagos de deudas y subsiguientemente el Banco de Japón aplicó descuentos de pagarés, aunque fueran de dudosa solvencia, con lo que evitó una crisis financiera mediante el abundante suministro de liquidez. La “política de gestión de liquidez” de Inoue, tal y como se la conoce, ha sido acusada por algunos de haber creado el escenario para la crisis financiera de 1927, puesto que el Banco de Japón concedió imprudentemente créditos y facilitó la supervivencia de empresas que debían haber desaparecido.

Hay otro punto digno de mención con respecto a la situación de las finanzas después del terremoto. A raíz del desastre, llegaron donaciones de todo el mundo tal y como ha ocurrido en esta ocasión. Estos fondos fueron útiles, pero cuando llegó la hora de la reconstrucción a gran escala, las donaciones se demostraron insuficientes, y fue necesario inyectar fondos adicionales mediante la adquisición de préstamos en los mercados internacionales como los de Nueva York y Londres. La deuda externa de Japón creció y capitalistas extranjeros como House of Morgan se mostraron reacios a seguir prestando si el país no regresaba a la senda del patrón oro. Y ocurrió que, en 1930, cuando desempeñaba el cargo de ministro de Finanzas en el Gobierno de Hamaguchi Osachi, Ionue tomó la temeraria medida de regresar al patrón oro justo en medio de la Gran Depresión.

Claudel hizo una interesante observación sobre la ayuda extranjera inmediatamente después del terremoto de 1923: “Según la prensa, la cantidad de dinero reunido en EE.UU. (de ayuda humanitaria) asciende a cuarenta millones de dólares. Además, los barcos de guerra estadouidenses fueron los primeros en llegar a la zona afectada y en descargar los paquetes de ayuda en algunos casos incluso antes que el Gobierno japonés. Los destructores y lanchas estadounidenses moteaban las aguas de Tokio, y las ambulancias y camiones con matrícula “USA” recorrían las calles de la capital. El Hotel Imperial estaba repleto de alegres voluntarios en mangas de camisa. Me sentía como si me hubiesen transportado al París de la posguerra de 1918-1919”. (*3)

Es realmente irónico que la misma escena se repitiera en Tokio en el verano de 1945, justo veintidós años después. En aquella ocasión, los estadounidenses no llegaron como salvadores, sino como fuerzas de ocupación (y después del terremoto de este año, los estadounidenses hicieron la mayor contribución a los esfuerzos de ayuda humanitaria a través de sus fuerzas militares en la Operación Tomodachi [Amigos]).